Zelenski asegura que Rusia ha perdido todo este año mientras Putin dice estar listo para negociar

Más de 16 muertos en Jersón en las últimas 24 horas; decenas de miles de ucranianos viven en oscuridad, a la intemperie o desplazados tras 10 meses de bombardeos contra infraestructuras civiles.
No hay geopolítica que justifique atacar a civiles
La respuesta de Kiev al llamado de Putin a negociar, rechazando cualquier diálogo mientras continúen los bombardeos.

En el día 305 de una guerra que ha redefinido las fronteras de Europa, dos líderes pronunciaron palabras opuestas desde capitales enfrentadas: uno ofreció negociación mientras continuaba el bombardeo, el otro la rechazó mientras sus ciudades ardían. La Navidad de 2022 encontró a Ucrania resistiendo en el frente, recibiendo ayuda internacional para su red energética destruida, y cantando villancicos en estaciones de metro convertidas en refugio. Entre la retórica de la paz y la realidad de la guerra, lo que persistía era el costo humano: dieciséis muertos en Jersón en un solo día, decenas de miles en la oscuridad.

  • Putin declara disposición a negociar en Navidad, pero invierte la responsabilidad del bloqueo sobre Kiev y Occidente, generando una contradicción que Ucrania rechaza de inmediato.
  • El asesor presidencial Podoliak desmonta la oferta rusa en redes sociales: no hay geopolítica que justifique matar civiles, y las palabras de diálogo suenan vacías mientras caen bombas.
  • Bajmut se convierte en el epicentro del desgaste: Ucrania mantiene el control bajo fuego constante, contabilizando más de cincuenta bajas rusas en los últimos enfrentamientos.
  • Jersón suma dieciséis muertos en veinticuatro horas mientras el Papa Francisco, ante miles de fieles en Roma, llama insensata a la guerra y pide recordar los rostros ucranianos que pasan la Navidad a la intemperie.
  • La comunidad internacional responde con 1.500 millones de euros en ayuda energética y más de doscientos equipos técnicos ya desplegados, intentando reconstruir lo que los bombardeos sistemáticos han destruido.

En la víspera de Navidad, el día 305 de la guerra, Vladimir Putin habló por radio nacional para declarar que Rusia estaba dispuesta a negociar. Pero en la misma frase cargó la culpa sobre Kiev y Occidente, presentando la invasión como un acto de defensa de intereses nacionales. La respuesta ucraniana llegó rápida y sin ambigüedad: el asesor presidencial Mijaílo Podoliak escribió que Putin no buscaba paz, sino escapar de la responsabilidad por los ataques continuos contra civiles ucranianos.

En el frente, la batalla por Bajmut concentraba la intensidad del conflicto. Las fuerzas ucranianas reportaban mantener el control de la ciudad en Donetsk pese al fuego incesante, con más de cincuenta soldados rusos muertos y ochenta heridos en los últimos combates. Era una guerra de desgaste medida en vidas y metros de tierra.

Desde el Vaticano, el Papa Francisco pidió ante decenas de miles de personas que se iluminaran las mentes de quienes podían silenciar las armas. Llamó insensata a la guerra y evocó los rostros de los ucranianos que pasaban esa Navidad en la oscuridad o lejos de sus hogares destruidos. En Jersón, mientras tanto, las autoridades contabilizaban dieciséis muertos en las últimas veinticuatro horas.

Frente a ese panorama, la comunidad internacional movilizaba recursos: el primer ministro Denis Shmyhal anunció compromisos por 1.500 millones de euros para garantizar el suministro energético, y más de doscientos equipos técnicos ya habían llegado al país. En una estación de metro de Kiev, un grupo de personas cantaba villancicos, resistiendo con la vida cotidiana lo que la guerra intentaba borrar.

En el día 305 de la guerra que Rusia desató contra Ucrania, dos narrativas irreconciliables se enfrentaban en la víspera de Navidad. Vladímir Putin, hablando por radio nacional el domingo, sostenía que Rusia estaba lista para negociar y buscar soluciones aceptables al conflicto que ya duraba diez meses. Pero en la misma frase invertía la responsabilidad: no eran los rusos quienes se negaban a dialogar, afirmaba, sino Kiev y sus aliados occidentales quienes bloqueaban el camino hacia la paz. "Estamos defendiendo nuestros intereses nacionales, los intereses de nuestros ciudadanos", dijo el mandatario ruso, como si la invasión fuera un acto de autodefensa.

Desde Kiev, la respuesta fue inmediata y tajante. Mijaílo Podoliak, asesor presidencial ucraniano, rechazó la propuesta en redes sociales con una claridad que no dejaba espacio para malinterpretaciones. Putin no buscaba negociar, escribió, sino escapar de la responsabilidad por lo que Rusia estaba haciendo: atacar a Ucrania, matar a sus ciudadanos. No había geopolítica que justificara eso, no había otros países en juego. Era una guerra de agresión, y las palabras sobre disposición al diálogo sonaban huecas mientras los bombardeos continuaban.

En el terreno, la batalla por Bajmut se había convertido en uno de los puntos más candentes del conflicto. Las fuerzas armadas ucranianas reportaban que mantenían el control de la ciudad en la región de Donetsk a pesar del fuego constante. Según sus cifras, más de cincuenta soldados rusos habían muerto y alrededor de ochenta habían resultado heridos en los enfrentamientos recientes. Era una guerra de desgaste, medida en vidas y en metros de terreno disputado.

Mientras tanto, el Papa Francisco hablaba desde el Vaticano. En su mensaje de Navidad, pronunciado ante decenas de miles de personas en la plaza de San Pedro, pidió que se iluminaran las mentes de quienes tenían el poder de silenciar las armas. Llamó insensata a la guerra. Pidió recordar los rostros de los hermanos y hermanas ucranianos que pasaban esa Navidad en la oscuridad, a la intemperie, lejos de sus hogares, destruidos por diez meses de bombardeos contra infraestructuras civiles. Era un llamado moral en medio de un conflicto que parecía sordo a la moral.

En Jersón, las autoridades locales contabilizaban dieciséis muertos en las últimas veinticuatro horas. Los números se acumulaban, día tras día, sin que pareciera haber fin a la vista. Pero había también señales de que la comunidad internacional estaba movilizándose para ayudar a Ucrania a reconstruirse. El primer ministro ucraniano, Denis Shmyhal, anunció que su país había recibido compromisos de sus socios internacionales por valor de mil quinientos millones de dólares, aproximadamente la misma cifra en euros, destinados a garantizar el suministro de energía después de que Rusia hubiera bombardeado sistemáticamente las infraestructuras básicas del país. Más de doscientos equipos energéticos ya habían llegado a Ucrania, y más seguían llegando cada día.

En una estación de metro de Kiev, mientras la ciudad se preparaba para la noche navideña, un grupo de personas cantaba villancicos. Era un acto de resistencia ordinaria, de vida cotidiana persistiendo en medio de la guerra. La gente seguía aquí, seguía cantando, seguía esperando que las cosas cambiaran. Pero el diálogo entre Putin y Zelenski parecía más lejano que nunca, atrapado en acusaciones mutuas sobre quién se negaba a negociar, mientras el conflicto consumía vidas y destruía ciudades.

Estamos listos para negociar con todas las partes involucradas acerca de soluciones aceptables, pero está en sus manos. No somos nosotros los que se niegan a negociar, son ellos.
— Vladímir Putin, presidente de Rusia
Putin tiene que regresar a la realidad. Rusia está atacando Ucrania y matando a sus ciudadanos. No hay otros países, razones geopolíticas.
— Mijaílo Podoliak, asesor presidencial de Ucrania
The Hearth Conversation Another angle on the story
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¿Por qué Putin dice que está listo para negociar si Ucrania rechaza sus ofertas?

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Porque ambos lados están usando el lenguaje de la negociación como arma política. Putin declara disposición para parecer razonable ante el mundo, pero culpa a Ucrania de bloquear el diálogo. Es una postura que le permite mantener la iniciativa diplomática sin comprometerse realmente.

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¿Qué significa que Ucrania diga que Rusia busca "eludir responsabilidades"?

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Significa que Kiev ve las ofertas de negociación como un intento de Rusia de detener la guerra sin enfrentar consecuencias por lo que ha hecho: los ataques contra civiles, la destrucción de infraestructuras, los desplazamientos masivos. Para Ucrania, negociar ahora sería legitimar la agresión.

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¿Qué importancia tiene que Ucrania mantenga Bajmut?

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Bajmut es simbólica y estratégica. Cada ciudad que Ucrania sostiene es una afirmación de que no está siendo derrotada, de que puede resistir. Los números de bajas rusas que reportan son su forma de demostrar que el costo de la invasión sigue siendo alto.

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¿Por qué el Papa interviene en esto?

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Porque después de diez meses de guerra, hay decenas de miles de personas viviendo en la oscuridad, desplazadas, sin hogares. Es un llamado a la humanidad básica, a que quienes tienen poder reconozcan el sufrimiento que están causando.

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¿Qué significan los mil quinientos millones en ayuda energética?

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Que la comunidad internacional está apostando por la supervivencia de Ucrania más allá de esta guerra. No es solo dinero para hoy, es un mensaje de que habrá un mañana, que Ucrania seguirá existiendo y necesitará reconstruirse.

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¿Entonces, ¿está cerca la paz?

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No. Ambos lados siguen hablando pasado uno al otro. Putin habla de negociación pero culpa a Ucrania. Ucrania rechaza negociar mientras Rusia siga atacando. El diálogo real requiere que alguien ceda primero, y nadie está dispuesto.

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