La seguridad de Rusia depende de vosotros, pero nadie salió a celebrarlo
El desfile militar de Moscú mostró baja afluencia de público y ausencia de equipamiento pesado, reflejando desánimo entre la población rusa sobre la guerra. Putin asegura contar con apoyo unánime de los rusos en la invasión, pero las calles vacías y críticas de espectadores contradicen su narrativa de unidad nacional.
- Desfile militar con baja asistencia pública y ausencia de tanques en Moscú
- Entre 189.500 y 223.000 bajas rusas (35.500-43.000 muertes) en catorce meses de guerra
- Cancelación de desfiles militares en veinticuatro ciudades rusas por falta de recursos
- Acusaciones de Prigozhin contra el ministerio de Defensa por abandono de posiciones en Bajmut
Putin acusa a Occidente de conspirar para destruir Rusia y subordina el futuro del país a la guerra en Ucrania durante actos del Día de la Victoria con escasa asistencia pública en Moscú.
El Día de la Victoria llegó a Moscú el martes con un cielo despejado pero las calles vacías. La plaza Roja, cerrada al público, se llenó de policías en lugar de ciudadanos. Mientras Vladimir Putin se dirigía a las tropas desde una tribuna rodeada de veteranos de la Segunda Guerra Mundial y líderes de países aliados, el centro de la capital rusa ofrecía una estampa que contradecía el mensaje oficial: después de catorce meses de guerra en Ucrania, el apoyo popular se había evaporado.
Putin utilizó la conmemoración del triunfo soviético sobre la Alemania nazi para vincular el futuro de Rusia con la invasión de Ucrania. "No hay nada más importante ahora que vuestro combate. La seguridad de nuestro país, el futuro de nuestro Estado y de nuestro pueblo, dependen de vosotros", proclamó ante los soldados. El presidente ruso ha convertido el Día de la Victoria en la base ideológica de su gobierno durante más de dos décadas, pero este año el ritual se desarrolló ante una audiencia notablemente reducida. Muchos moscovitas aprovecharon que la festividad caía en martes para tomarse un puente de fin de semana y alejarse de la ciudad, rechazando la invitación implícita a demostrar lealtad nacional.
La narrativa de Putin sobre una conspiración occidental contra Rusia resonó en sus palabras pero no en las calles. "Estamos rodeados de enemigos que quieren nuestra destrucción", afirmó, acusando a Occidente de buscar el colapso del país y borrar los resultados de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, sus propias afirmaciones sobre la unidad nacional sonaban huecas. "Todo el país se ha unido en apoyo a nuestros héroes. Todos están dispuestos a ayudar, a orar por ustedes", dijo, mientras los espectadores que sí asistieron al desfile militar en calles adyacentes como Novi Arbat expresaban su desencanto de manera directa. "Vaya vergüenza de desfile, este año no ha habido ni un solo tanque. Solo vehículos blindados de transporte y lanzamisiles sin ojivas", comentó anónimamente uno de los pocos observadores presentes.
El desfile reflejaba las necesidades apremiantes del frente. El Kremlin había suspendido celebraciones militares en veinticuatro ciudades rusas, algunas situadas a miles de kilómetros de Ucrania en el corazón de Siberia. También fueron canceladas las marchas del Regimiento Inmortal en todo el país, un desfile ciudadano que desde 2012 había permitido a los rusos portar retratos de familiares que combatieron en la Segunda Guerra Mundial. Este año, los organizadores habían animado a llevar fotografías de soldados que luchan actualmente en Ucrania, pero la iniciativa no prosperó.
La guerra ha cobrado un precio devastador que contrasta con la retórica de victoria. Según documentos de inteligencia estadounidense filtrados en febrero, Rusia había sufrido entre 189.500 y 223.000 bajas desde el inicio de la invasión, incluidas entre 35.500 y 43.000 muertes. En un solo año, Rusia perdió tres veces más soldados que durante toda la década de ocupación de Afganistán entre 1979 y 1989. Las bajas ucranianas rondaban entre 124.500 y 131.000 militares, con entre 15.500 y 17.500 fallecidos.
La asistencia internacional al desfile también reflejaba las grietas en la coalición de Putin. China, su principal socio en la comunidad internacional, no envió representación de peso, aunque Putin hizo un guiño a Pekín durante su discurso. Sí acudieron los líderes de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva, la plataforma militar que Rusia lidera desde 1992: los presidentes de Bielorrusia, Kirguistán, Uzbekistán, Tayikistán, Turkmenistán y Armenia. Este último país ha amenazado recientemente con abandonar la alianza debido a la inacción del Kremlin ante el avance de Azerbaiyán en la región de Nagorno Karabaj.
Mientras Putin celebraba la unidad nacional, las tensiones internas se agudizaban. Yevgueni Prigozhin, jefe de la compañía de mercenarios Wagner, acusó públicamente al ministerio de Defensa de abandonar posiciones en la ciudad ucraniana de Bajmut. Según Prigozhin, una unidad rusa huyó de sus flancos, dejando descubierto un frente de casi dos kilómetros de ancho y 500 metros de profundidad, lo que resultó en la muerte de aproximadamente quinientos de sus hombres. También denunció que el ministerio le había prometido municiones el 7 de mayo, ordenado entregarlas todas el 8, pero solo había cumplido el 10 por ciento de lo solicitado para el 9. Prigozhin amenazó con abandonar Bajmut pero se retractó tras recibir promesas de suministros, aunque advirtió que resolvería la disputa con Defensa en los próximos días. El conflicto entre el empresario y el ministerio ocurría bajo la sombra de una ley que prevé hasta quince años de prisión para los desertores.
Notable Quotes
No hay nada más importante ahora que vuestro combate. La seguridad de nuestro país, el futuro de nuestro Estado y de nuestro pueblo, dependen de vosotros— Vladimir Putin, durante su discurso en el Día de la Victoria
Una unidad del Ministerio de Defensa huyó de nuestras posiciones, dejando descubierto el frente de casi dos kilómetros de ancho. Todos huyeron— Yevgueni Prigozhin, jefe de Wagner, acusando al ministerio de Defensa
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué un desfile militar en el Día de la Victoria, la festividad más importante de Rusia, termina siendo un símbolo de debilidad en lugar de fortaleza?
Porque la realidad en las calles contradice la narrativa oficial. Cuando la gente no acude, cuando critican la ausencia de tanques, cuando se van de puente en lugar de celebrar, el mensaje que envían es más fuerte que cualquier discurso presidencial.
Putin insiste en que cuenta con apoyo unánime. ¿Cómo reconcilia eso con las calles vacías?
No lo reconcilia. Simplemente lo afirma de todas formas. Es una estrategia que ha funcionado durante años: repetir la narrativa de unidad nacional aunque los hechos digan lo contrario. Pero después de catorce meses de guerra, la gente está cansada.
¿Qué significa que hayan cancelado desfiles en veinticuatro ciudades, algunas en Siberia, muy lejos de la guerra?
Significa que el Kremlin no confía en que la gente salga a las calles incluso en lugares remotos. Es una admisión de que el desánimo es nacional, no local. Y que necesitan todos los recursos disponibles en el frente.
¿Por qué Prigozhin elige este momento, durante el Día de la Victoria, para acusar públicamente al ministerio de Defensa?
Porque es el momento en que todos están mirando. Es una forma de presionar al ministerio cuando el presidente está en el centro de atención. Prigozhin sabe que sus hombres mueren por falta de municiones, y usa la visibilidad del desfile para hacer que su voz sea imposible de ignorar.
¿Qué le dice al mundo la ausencia de representación china de peso en el desfile?
Que incluso los aliados mantienen distancia. China ayuda a Rusia con las sanciones, pero no quiere ser visto como cómplice directo de la guerra. Es una forma de hedging: apoyar sin comprometerse demasiado.
¿Cuál es el verdadero mensaje de este Día de la Victoria?
Que Putin está tratando de mantener unida una narrativa que se desmorona. La guerra es más larga, más costosa y menos popular de lo que esperaba. Y los símbolos que solían funcionar —los desfiles, los veteranos, la gloria histórica— ya no son suficientes para mantener a la gente en las calles.