El galón de gasolina regular alcanzó USD 3.41 y el crudo estadounidense subió 36% en una semana, reflejando el cierre del Estrecho de Ormuz por donde transita 30% del comercio mundial. Refinerías dañadas y plantas de GNL afectadas interrumpieron 20% del suministro global, mientras precios de combustible para aviones en Asia subieron 200% y el diésel europeo duplicó su valor.
Ofensiva en Medio Oriente dispara precios de combustibles y altera suministro global
Solo se necesita que una persona con un RPG destruya un petrolero. Esa amenaza es permanente.
¿Por qué el cierre del Estrecho de Ormuz afecta tanto a los precios si Estados Unidos produce su propio petróleo?
Porque los mercados de petróleo son globales. Aunque Estados Unidos sea exportador neto, sus refinerías están diseñadas para procesar crudo pesado, no el ligero que produce. Así que exporta lo que produce e importa lo que necesita. Cuando el precio sube en el mundo, sube aquí también.
¿Cuánto tiempo tardará en normalizarse?
Esa es la pregunta que nadie puede responder con certeza. Incluso si reabrieran el estrecho mañana, la amenaza terrorista permanece. Un solo ataque a un petrolero puede volver a cerrar todo. La volatilidad no es temporal; es la nueva realidad mientras haya conflicto.
¿Quién sufre más con esto?
Las personas que viven al día. Alguien con recursos puede absorber el aumento de gasolina. Pero para quien depende del transporte para trabajar, cada centavo cuenta. Y eso se filtra a toda la cadena de suministro: comida, ropa, servicios. La inflación no es un número; es el costo de vivir.
¿Hay algo que los gobiernos puedan hacer ahora?
Trump anunció un plan de USD 20.000 millones para respaldar el comercio marítimo. Pero expertos advierten que el dinero no detiene un RPG. Se necesita estabilidad geopolítica, no solo seguros. Mientras tanto, los gobiernos buscan fortalecer reservas estratégicas y alternativas de suministro.
¿Esto ha pasado antes?
Sí. El Estrecho se cerró temporalmente en 2012. Los precios fluctuaron durante la pandemia. Pero esto es diferente porque es una escalada militar activa, no una crisis temporal. La incertidumbre es el enemigo del mercado energético.
El Pulso
- Galón de gasolina regular: USD 3.41; crudo estadounidense subió 36% en una semana
- 30% del comercio mundial de petróleo transita por el Estrecho de Ormuz, ahora paralizado
- 20 millones de barriles diarios retenidos en el Golfo Pérsico tras los ataques
- 9 millones de barriles diarios sacados del circuito comercial por daños e interrupciones
- Combustible para aviones en Asia subió 200%; diésel europeo duplicó su valor
El galón de gasolina regular alcanzó USD 3.41 y el crudo estadounidense subió 36% en una semana, reflejando el cierre del Estrecho de Ormuz por donde transita 30% del comercio mundial. Refinerías dañadas y plantas de GNL afectadas interrumpieron 20% del suministro global, mientras precios de combustible para aviones en Asia subieron 200% y el diésel europeo duplicó su valor.
La escalada militar entre EE.UU., Israel e Irán interrumpe el suministro de petróleo global, elevando precios de gasolina y diésel mientras 9 millones de barriles diarios salen del mercado comercial.
El sábado pasado, mientras la mayoría de los estadounidenses iba a llenar el tanque de gasolina, los precios ya habían comenzado su ascenso. El galón de gasolina regular se ubicaba en USD 3.41, el diésel en USD 4.51. Cifras que parecen números hasta que se entiende lo que las genera: una escalada militar en Medio Oriente que ha paralizado el flujo de petróleo a través del Estrecho de Ormuz, el cuello de botella más crítico del comercio energético mundial.
Por ese estrecho pasa aproximadamente el 30 por ciento de todo el crudo que se comercia en el planeta. Cuando los ataques interrumpieron las operaciones, unos 20 millones de barriles diarios quedaron retenidos en el Golfo Pérsico. El impacto fue casi instantáneo. El crudo estadounidense cerró el viernes a USD 90.90, un salto del 36 por ciento en apenas siete días. El Brent, la referencia internacional, alcanzó USD 92.69, con un aumento del 27 por ciento en el mismo período. Estos no son números abstractos. Son el reflejo de refinerías parcialmente destruidas, plantas de gas natural licuado fuera de servicio, y aproximadamente el 20 por ciento del suministro global de GNL interrumpido.
La consultora Rystad Energy cuantificó la magnitud del problema: nueve millones de barriles diarios han desaparecido del circuito comercial. Su economista jefe, Claudio Galimberti, describió la situación con una frase que captura la realidad: "Continuamos recibiendo reportes de buques, refinerías y oleoductos dañados; la lista es extensa y la situación implica un déficit extremo". En Asia, el precio del combustible para aviones subió cerca del 200 por ciento. En Europa, el diésel duplicó su valor. La volatilidad no es una abstracción de mercado; es la realidad que enfrentan conductores, transportistas y empresas que dependen del movimiento de bienes.
En Estados Unidos, aunque el país se mantiene como exportador neto de petróleo, los precios internos siguen la dinámica de los mercados globales. Al Salazar, jefe de investigación macro de petróleo y gas en Enverus, explicó una paradoja incómoda: incluso si se abrieran nuevos pozos mañana, la producción adicional tardaría al menos seis meses en reflejarse en la oferta. Además, gran parte del crudo estadounidense es ligero y dulce, mientras que muchas refinerías están diseñadas para procesar petróleo más pesado. Esto obliga al país a exportar parte de su producción e importar combustibles refinados, quedando expuesto a las mismas presiones que afectan al resto del mundo.
Jerry Dalpiaz, residente de Covington, Luisiana, comenzó a llenar su tanque el día en que anunciaron que Estados Unidos había iniciado operaciones militares contra Irán. "Puedo soportar el aumento porque tengo recursos", dijo a la prensa, "pero me preocupa la gente que vive al día y debe desplazarse para trabajar. Necesitan un alivio que no parece cercano". Su preocupación toca el corazón del problema: la cadena de suministro de bienes y servicios depende del transporte, y cada dólar adicional por galón se filtra hacia los precios que pagan las familias en las tiendas.
La crisis se intensificó tras nuevos ataques iraníes, incluyendo drones contra la embajada estadounidense en Arabia Saudita, el bombardeo de una refinería saudita clave y daños a una planta de GNL en Qatar. El presidente Donald Trump declaró el lunes que las operaciones estadounidenses contra Irán podrían extenderse entre cuatro y cinco semanas, aunque advirtió que el conflicto podría prolongarse más. Rechazó negociaciones que no incluyan una "rendición incondicional" por parte de Irán y anunció un plan para cubrir pérdidas de hasta USD 20.000 millones en el Golfo, con el objetivo de restablecer la confianza en el comercio marítimo.
Pero el dinero no resuelve la amenaza. Amy Jaffe, directora del Laboratorio de Energía, Justicia Climática y Sostenibilidad de la Universidad de Nueva York, señaló que el seguro adicional no elimina los riesgos presentes en la región, especialmente los asociados a ataques terroristas contra embarcaciones. "Para que Estados Unidos logre desbloquear el actual cuello de botella en el Estrecho de Ormuz, se requiere una respuesta creíble al problema del terrorismo", afirmó. Salazar fue aún más directo: "Solo se necesita que una persona con un RPG se acerque a la orilla y destruya un petrolero. Esa amenaza es permanente".
La Asociación Automovilística Estadounidense advirtió que la volatilidad en los precios del combustible podría persistir durante varias semanas. Mientras tanto, gobiernos y empresas enfrentan la realidad de que, incluso si el Estrecho de Ormuz se reabre, la normalización rápida del mercado energético global es una ilusión. La incertidumbre geopolítica en Medio Oriente ha dejado claro que los precios del petróleo y los combustibles estarán expuestos a episodios de alta volatilidad durante el tiempo que persista la tensión en la región.
Citas Notables
Continuamos recibiendo reportes de buques, refinerías y oleoductos dañados; la lista es extensa y la situación implica un déficit extremo— Claudio Galimberti, economista jefe de Rystad Energy
Puedo soportar el aumento porque tengo recursos, pero me preocupa la gente que vive al día y debe desplazarse para trabajar. Necesitan un alivio que no parece cercano— Jerry Dalpiaz, residente de Covington, Luisiana