La guerra en Oriente Medio dispara el diésel 32 céntimos en seis días hacia los 2 euros

Los consumidores españoles enfrentan aumentos significativos en costos de combustible que impactan directamente en transporte, logística y presupuestos familiares.
El petróleo todavía no está en las estaciones, pero ya cobran dos euros
Facua denuncia que los gasolineros suben precios sin que el combustible más caro haya llegado a sus depósitos.
Mark

¿Por qué Facua cree que esta subida es diferente a otras subidas de combustible que hemos visto?

Mimi

Porque el aumento del petróleo en los mercados internacionales no justifica lo que está pasando en las bombas. El diésel sube un 22 por ciento en seis días, pero ese petróleo más caro ni siquiera ha llegado a las estaciones. Es como si los gasolineros estuvieran adelantándose a una crisis que todavía no existe en sus depósitos.

Mark

¿Y por qué el Gobierno no puede simplemente fijar un precio máximo ahora?

Mimi

Porque hace dos semanas el Congreso derogó la norma que le permitía hacerlo. El PP, Vox y Junts votaron en contra. Ahora, aunque quisiera intervenir, no tiene la herramienta legal para establecer topes en emergencias.

Mark

¿Qué alternativa le queda entonces?

Mimi

Reducir impuestos, como está haciendo Portugal. Pero eso es más lento, menos directo. Y además requiere que el Congreso lo apruebe de nuevo. Facua está pidiendo que se recupere la norma derogada, pero eso significa convencer a los mismos partidos que la tumbaron hace poco.

Mark

¿Hay gasolineras que ya están cobrando dos euros?

Mimi

Sí, cinco o seis según Facua. Eso es lo que más preocupa. No es una tendencia gradual. Es un salto que sugiere que algunos están aprovechando el caos para fijar precios que no tienen base en los costos reales.

Mark

¿Cuánto tiempo lleva esto sucediendo?

Mimi

Seis días. Desde los ataques de Estados Unidos e Israel a Irán. Es decir, desde el lunes hasta este sábado. Una semana de incrementos progresivos que han llevado el diésel de 1,456 a 1,77 euros.

  • En apenas seis días, el precio del diésel escaló un 22%, una velocidad que supera con creces cualquier movimiento real en los mercados del crudo.
  • Facua alerta de que algunas estaciones ya cobran dos euros o más por litro, una cifra que la organización considera un aprovechamiento deliberado de la crisis, no una respuesta proporcional al encarecimiento del petróleo.
  • El Congreso derogó el 25 de febrero, con los votos del PP, Vox y Junts, el decreto que habría permitido al Gobierno fijar topes de precios en emergencias, dejando al Ejecutivo sin su principal herramienta de intervención.
  • Facua exige que el Consejo de Ministros reactive esa norma y que los partidos reconsideren su voto, mientras el sector de las gasolineras pide en cambio una rebaja fiscal temporal al estilo de Portugal.
  • Los consumidores españoles absorben el golpe en silencio: cada repostaje cuesta más que el anterior, y el Gobierno estudia medidas sin un marco legal claro para actuar con rapidez.

En el espacio de seis días, la guerra en Oriente Medio se hizo sentir en cada gasolinera de España: el diésel subió un 22 por ciento, pasando de 1,456 a 1,77 euros el litro, mientras los mercados internacionales trasladaban la tensión bélica al bolsillo cotidiano. Lo que ocurre en los campos de batalla de Irán no permanece allí; viaja por oleoductos invisibles hasta el surtidor donde un conductor llena su depósito un sábado por la mañana. La pregunta que emerge no es solo económica, sino moral: ¿hasta dónde puede llegar el precio de una crisis antes de que alguien tenga la autoridad —y la voluntad— de ponerle un límite?

En seis días, el precio del diésel en España subió treinta y dos céntimos. El lunes se pagaba 1,456 euros el litro; el sábado, 1,77. Un aumento del 22 por ciento, concentrado exactamente en el tiempo que tardaron Estados Unidos e Israel en lanzar sus ataques contra Irán.

Facua no vio en esos números solo una reacción de mercado. Vio una desproporción. Rubén Sánchez, secretario general de la asociación, lo dijo en televisión sin rodeos: el petróleo había subido, sí, pero no tanto como el diésel en las bombas. Y ese petróleo más caro ni siquiera había llegado aún a las estaciones de servicio. Cinco o seis gasolineras ya cobraban dos euros o más por litro. Para Sánchez, eso era un aprovechamiento de la crisis, no una respuesta proporcional a ella.

El problema es que el Gobierno acaba de perder la herramienta que habría podido frenar esa espiral. El 25 de febrero, el Congreso derogó un decreto ley que permitía fijar topes máximos a precios esenciales en emergencias. PP, Vox y Junts votaron en contra. Esa norma habría permitido al Ejecutivo establecer límites basados en los precios de los treinta días anteriores a una crisis, exactamente el tipo de mecanismo pensado para evitar abusos como los que se vieron tras el accidente de Adamuz, cuando los vuelos se dispararon de forma desmesurada.

Facua escribió tanto a Pedro Sánchez como al ministro de Consumo, Pablo Bustinduy, pidiéndoles que el Consejo de Ministros volviera a aprobar esa modificación y que los partidos reconsideraran su voto. Las estaciones de servicio, por su parte, pedían algo distinto: que España siguiera el ejemplo de Portugal y redujera temporalmente los impuestos especiales sobre los combustibles.

El Gobierno se encontraba así en una posición incómoda: sin capacidad legal para fijar precios máximos, con opciones limitadas para actuar rápido, y con los consumidores viendo cómo el costo de llenar el depósito se alejaba cada día un poco más de lo que pagaban la semana anterior.

En seis días, el precio del diésel en la península española subió treinta y dos céntimos. El lunes pasado se pagaba 1,456 euros el litro. Este sábado, 1,77. Eso es un aumento del 22 por ciento, todo él concentrado en el tiempo que tardó Estados Unidos e Israel en lanzar sus ataques contra Irán.

Facua, la asociación de consumidores, vio en esos números algo que le preocupó lo suficiente como para escribir directamente al presidente del Gobierno. No era solo la magnitud del incremento. Era la velocidad. Era, sobre todo, la desproporción. Rubén Sánchez, secretario general de la organización, fue claro en una entrevista televisiva: los gasolineros estaban intentando sacar provecho de la crisis. El precio del petróleo había subido, sí, pero no tanto como el del diésel en las bombas. Y ese petróleo más caro ni siquiera había llegado todavía a las estaciones de servicio. Cinco o seis gasolineras ya cobraban dos euros o más por litro. Para Sánchez, eso no tenía justificación proporcional a lo que estaba sucediendo en los mercados internacionales.

El Gobierno, según Facua, tenía una herramienta que podría haber frenado esta espiral. Hace apenas dos semanas, el 25 de febrero, el Congreso había derogado un decreto ley que permitía establecer topes máximos a los precios de bienes y servicios esenciales en situaciones de emergencia. La mayoría que votó en contra —PP, Vox y Junts— tumbó una norma que habría permitido al Ejecutivo fijar límites basados en los precios de los treinta días anteriores a una crisis. Era una herramienta pensada precisamente para evitar lo que estaba pasando ahora: abusos como los que se vieron después del accidente de Adamuz, cuando los vuelos se encarecieron de forma desmesurada.

Facua envió cartas tanto a Pedro Sánchez como al ministro de Consumo, Pablo Bustinduy. Les pedía que el Consejo de Ministros volviera a aprobar esa modificación legal y que cada partido se retractara en una nueva votación en el Congreso. Era una apuesta por recuperar una capacidad de intervención que acababa de perder.

Mientras tanto, las estaciones de servicio pedían algo diferente. La Confederación Española de Empresarios de Estaciones de Servicio solicitó que el Gobierno siguiera el ejemplo de Portugal, que había anunciado una reducción temporal y extraordinaria del impuesto sobre el gasóleo. España podría hacer lo mismo: reducir temporalmente los impuestos especiales que gravan los combustibles para contener la escalada de precios.

El martes anterior, Sánchez había dicho que estaba estudiando medidas económicas para responder al impacto de la guerra en Irán. Pero entre la derogación del decreto ley y las peticiones de intervención, el Gobierno se encontraba en una posición incómoda: sin herramientas legales para fijar precios máximos, y con opciones limitadas para actuar rápido. Los consumidores españoles, mientras tanto, veían cómo el costo de llenar el depósito se alejaba cada día más de lo que pagaban una semana antes.

Esa subida no tiene nada que ver con la subida que se ha producido del petróleo. Los gasolineros están intentando sacar tajada.
— Rubén Sánchez, secretario general de Facua
Ese petróleo todavía no está en las estaciones de servicio, pero ya hay gasolineras cobrando dos euros o por encima.
— Facua, en denuncia sobre precios desproporcionados
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