En una nación donde el trabajo ha sido históricamente elevado a virtud, la primera ministra Sanae Takaichi reveló esta semana que duerme entre cero y tres horas por noche, y que dormir cinco horas consecutivas representó, para ella, un logro extraordinario. Su confesión pública —publicada en redes sociales con una mezcla de orgullo y agotamiento— no es solo el retrato de una mujer al límite, sino un espejo incómodo sobre lo que una sociedad exige de quienes la gobiernan. La pregunta que emerge no es cuánto trabaja Takaichi, sino a qué costo colectivo se sostiene ese sacrificio.
La primera ministra de Japón enciende alarmas al revelar que duerme entre cero y tres horas
El agotamiento extremo de la primera ministra plantea riesgos potenciales para su salud física y mental, así como para la capacidad de toma de decisiones en crisis nacionales.