En la oscuridad de un yacimiento petrolero patagónico, la tecnología se convirtió en el ojo que nunca parpadea: drones con visión infrarroja rastrearon a tres hombres que habían cortado el alambrado del yacimiento El Tordillo II y huían entre la vegetación. Lo que comenzó como huellas sospechosas en una picada terminó en tres detenciones, gracias a la coordinación entre seguridad privada y la Policía del Chubut. El episodio ilustra cómo la vigilancia aérea está redefiniendo la protección de infraestructuras críticas en territorios donde la noche solía ser aliada del delito.