En los pliegues del hipocampo, el cerebro no guarda todo lo que vive: elige, y esa elección ocurre en destellos fugaces de plasticidad neuronal. Investigadores de la Universidad de Tubinga han descubierto que el estado interno del cerebro —su oscilación entre la alerta y el reposo— determina qué experiencias merecen convertirse en recuerdos duraderos y cuáles se disuelven sin dejar huella. Es un hallazgo que sitúa la memoria no como un archivo pasivo, sino como un acto activo de selección biológica, con implicaciones profundas para comprender por qué olvidamos y cómo podríamos dejar de hacerlo