Desde Gijón hasta los laboratorios de Londres, Lucía Suárez recorre el camino que trazó a los doce años frente a una pantalla junto a su madre: entender el cáncer para combatirlo. Hoy, becada parcialmente por Caja Rural Asturias, investiga terapias celulares que reprograman el sistema inmune para destruir tumores de sangre, mientras trabaja como camarera para costear una vida que el prestigio académico no financia. Su historia es la de una generación de científicas que construyen el futuro de la medicina entre la vocación y la precariedad.