En la cara oculta de la Luna, una formación rocosa de sesenta kilómetros en la región de Dewar ha comenzado a hablar: investigadores suizos han descifrado en sus anomalías magnéticas, gravitatorias y en sus remolinos visibles la huella de una antigua dinamo que, hace más de cuatro mil millones de años, dotó al satélite de su propio escudo magnético. Este hallazgo no solo amplía nuestra comprensión de la historia geológica lunar, sino que demuestra que el cosmos guarda sus memorias más profundas en la piedra, esperando el método adecuado para ser leídas.
Suiza descubre estructura de 60 km en la Luna que revela un antiguo campo magnético
Un registro fósil magnético grabado en la corteza lunar
¿Por qué es tan importante descubrir que la Luna tuvo un campo magnético hace miles de millones de años?
Porque nos ayuda a entender cómo era la Luna en sus primeras etapas. Un campo magnético requiere un interior activo y dinámico, lo que significa que la Luna fue geológicamente muy diferente a lo que es hoy.
Pero aquí hay algo que debemos aclarar: los científicos ya sospechaban esto. Los estudios paleomagnéticos anteriores ya apuntaban a un campo magnético entre hace 4.250 y 3.500 millones de años.
Cierto, pero esos estudios se basaban en muestras de roca traídas por las misiones Apollo, y análisis más recientes cuestionaron esos resultados. Este hallazgo en Dewar es independiente de esas muestras.
¿Cómo es posible que una formación rocosa de sesenta kilómetros revele información sobre un campo magnético tan antiguo?
La roca quedó magnetizada cuando se solidificó en presencia de ese campo magnético antiguo. Es como un registro fósil magnético grabado en la corteza lunar.
Pero debemos ser precisos: lo que realmente detectaron fueron anomalías magnéticas, gravitatorias y remolinos lunares en la misma región. La conexión entre estos fenómenos y un antiguo campo magnético es la interpretación que hacen los investigadores.
¿Qué tan fuerte era ese campo magnético lunar comparado con el de la Tierra?
Alcanzaba aproximadamente once microteslas, mientras que el campo terrestre actual ronda los cincuenta microteslas. Era significativamente más débil, pero aún lo suficientemente fuerte para dejar un registro detectable.
Y aquí es importante notar que estamos hablando de hace 4.200 millones de años. No sabemos exactamente cuánto tiempo duró ese campo o cuándo desapareció.
¿Qué significa esto para futuras investigaciones lunares?
Abre la puerta a estudiar la historia magnética de la Luna sin necesidad de traer muestras físicas. Pueden usar datos orbitales para investigar otras regiones.
El Pulso
- Una estructura rocosa de 60 km enterrada en la cara oculta lunar concentra tres señales geológicas simultáneas —magnética, gravitatoria y visual— que no deberían coincidir por azar.
- El debate científico sobre si la Luna tuvo alguna vez una dinamo propia llevaba décadas sin resolverse, con muestras de las misiones Apollo sembrando más dudas que certezas.
- Los investigadores calcularon que el campo magnético necesario para magnetizar Dewar habría alcanzado 11 microteslas, una magnitud que solo una dinamo activa puede explicar.
- El equipo suizo logró reconstruir esta historia sin tocar la superficie lunar: combinando datos orbitales gravitatorios y magnéticos, trazaron la densidad y magnetización de la corteza desde el espacio.
- El hallazgo abre una vía metodológica nueva para estudiar el pasado magnético de cuerpos planetarios sin necesidad de misiones de retorno de muestras, con implicaciones que van más allá de la Luna.
En la cara oculta de la Luna, una formación rocosa de sesenta kilómetros en la región de Dewar ha comenzado a hablar: investigadores suizos han descifrado en sus anomalías magnéticas, gravitatorias y en sus remolinos visibles la huella de una antigua dinamo que, hace más de cuatro mil millones de años, dotó al satélite de su propio escudo magnético. Este hallazgo no solo amplía nuestra comprensión de la historia geológica lunar, sino que demuestra que el cosmos guarda sus memorias más profundas en la piedra, esperando el método adecuado para ser leídas.
Bajo la superficie de la cara oculta lunar, en una región llamada Dewar, una formación rocosa de sesenta kilómetros de diámetro ha comenzado a revelar secretos guardados durante miles de millones de años. Un equipo de investigadores publicó en Science Advances un análisis de esta estructura que aporta nuevas evidencias de que la Luna generó en su día su propio campo magnético, reescribiendo parte de lo que sabemos sobre la historia geológica de nuestro satélite.
La formación probablemente se originó cuando magma ascendió desde las profundidades lunares y se solidificó hace aproximadamente 4.200 millones de años. Lo que la hace excepcional es la confluencia de tres características geológicas en el mismo lugar: una anomalía magnética, una anomalía gravitatoria y un remolino lunar visible desde la órbita. Los investigadores Xi Yang y Anna Mittelholz señalaron que Dewar representa un caso extraordinario precisamente porque estas tres señales convergen en una sola región, permitiendo vincularlas a una misma estructura cortical.
Los cálculos indican que el campo magnético lunar necesario para producir la magnetización detectada habría alcanzado unos once microteslas —frente a los cincuenta microteslas del campo terrestre actual—, una magnitud que apunta a la existencia de una antigua dinamo lunar, mecanismo análogo al que protege hoy a la Tierra.
Esta pregunta había sido objeto de debate durante años: estudios paleomagnéticos previos sugerían que la Luna mantuvo un campo magnético entre hace 4.250 y 3.500 millones de años, pero análisis posteriores de rocas Apollo introdujeron incertidumbre sobre su duración e incluso su existencia. Los resultados de Dewar ofrecen ahora una fuente de información completamente independiente de aquellas muestras físicas.
El método empleado combinó datos gravitatorios y magnéticos orbitales para determinar simultáneamente la densidad y la magnetización de la corteza, sin necesidad de traer material lunar a la Tierra. Este enfoque abre nuevas posibilidades para investigar la historia magnética de la Luna y resolver debates científicos que han permanecido sin respuesta durante décadas.
Bajo la superficie de la cara oculta lunar, en una región llamada Dewar, existe una formación rocosa de sesenta kilómetros de diámetro que ha comenzado a revelar secretos que la Luna guardaba desde hace miles de millones de años. Un equipo de investigadores ha publicado recientemente en Science Advances un análisis de esta estructura que proporciona nuevas evidencias de que el satélite terrestre alguna vez generó su propio campo magnético, un hallazgo que reescribe parte de lo que sabemos sobre la historia geológica de nuestro vecino celeste.
La formación en cuestión probablemente se originó cuando magma ascendió desde las profundidades lunares y se solidificó hace aproximadamente 4.200 millones de años. Lo que hace excepcional a esta estructura no es simplemente su tamaño, sino la confluencia de tres características geológicas que aparecen prácticamente en el mismo lugar: una anomalía magnética, una anomalía gravitatoria y un remolino lunar visible desde la órbita. Los remolinos lunares son patrones sinuosos y claros que se observan en la superficie y típicamente están asociados con perturbaciones magnéticas. Xi Yang y Anna Mittelholz, investigadores que participaron en el estudio, explicaron que Dewar representa un caso extraordinario precisamente porque estas tres señales convergen en una sola región, permitiendo vincularlas a una misma estructura en la corteza lunar.
Los cálculos realizados indican que el campo magnético lunar necesario para producir la magnetización detectada en Dewar habría alcanzado aproximadamente once microteslas. Para contextualizar esta cifra, el campo magnético terrestre actual ronda los cincuenta microteslas. Esta magnitud sugiere la existencia de una antigua dinamo lunar, un mecanismo similar al que mantiene actualmente el escudo magnético de la Tierra, donde el movimiento de materiales conductores en el interior de un cuerpo planetario genera magnetismo.
La cuestión de si la Luna tuvo su propia dinamo ha sido objeto de debate científico durante años. Estudios paleomagnéticos anteriores habían respaldado la idea de que la Luna mantuvo un campo magnético entre hace aproximadamente 4.250 y 3.500 millones de años. Sin embargo, análisis más recientes de rocas traídas por las misiones Apollo introdujeron incertidumbre sobre cuánto tiempo perduró este campo e incluso sobre su existencia en las primeras etapas de la historia lunar. Los nuevos resultados de Dewar ofrecen ahora una fuente de información completamente independiente de aquellas muestras físicas, lo que permite abordar estas preguntas desde una perspectiva diferente.
El método empleado por el equipo combinó datos del campo gravitatorio y magnético para determinar simultáneamente la densidad y la magnetización de la corteza lunar. Esta aproximación permitió conectar las anomalías observadas con una estructura geológica específica y calcular la intensidad mínima que debía tener el antiguo campo capaz de magnetizarla. Lo particularmente significativo de este enfoque es que proporciona información sobre la antigua dinamo lunar utilizando únicamente datos orbitales, sin necesidad de traer muestras físicas de la región a la Tierra. Este método abre nuevas posibilidades para investigar la historia magnética de la Luna y potencialmente resolver debates científicos que han permanecido sin respuesta durante décadas.
Citas Notables
Dewar era un caso excepcional precisamente porque esas tres características se presentan juntas, lo que permite relacionarlas con una misma estructura situada en la corteza lunar— Xi Yang y Anna Mittelholz, investigadores del estudio