Samsung ha cruzado una frontera que pocas empresas tecnológicas se atreven a traspasar: la de los servicios financieros. Con el lanzamiento de Galaxy Card en Estados Unidos, desarrollada junto a Barclays, la compañía surcoreana no solo ofrece una tarjeta de crédito, sino que teje una nueva capa de dependencia entre sus usuarios y su ecosistema. Es el movimiento de una empresa que ya no se conforma con vender dispositivos, sino que aspira a convertirse en intermediaria entre sus clientes y su dinero.