En la primavera de 2024, un fragmento de roca cósmica excavó silenciosamente en la Luna el cráter más grande registrado en tiempos recientes en el sistema solar, y durante dieciséis meses nadie lo supo. El hallazgo, confirmado esta semana por la NASA tras un paciente rastreo de archivos, nos recuerda que el cosmos actúa con indiferencia a nuestra vigilancia, y que la Luna —escenario de nuestras ambiciones espaciales— sigue siendo un mundo vivo, golpeado y transformado. Lo que comenzó como una cicatriz invisible de 222 metros se convierte ahora en una advertencia para quienes planean construir