En un estudio de grabación porteño, el psicoanalista Gabriel Rolón se detuvo ante una de las preguntas más antiguas de la experiencia humana: por qué nos paraliza la posibilidad de comenzar de nuevo. Su respuesta no fue un manual de autoayuda sino una advertencia filosófica: nadie empieza de cero porque nadie puede desprenderse de lo que ya ha vivido, y lo que verdaderamente nos inmoviliza no es el pasado sino el peso de las expectativas —propias y ajenas— que convertimos en trinchera. El verdadero desafío, propone Rolón, no es reinventarse desde la nada sino reconocerse desde el deseo.
Rolón: empezar de cero es una ilusión, lo que paraliza es el peso de las expectativas
Vale la pena morir viviendo antes que vivir muriendo en la trinchera
¿Por qué insistís en que empezar de cero es una ilusión? ¿No hay gente que realmente deja todo atrás y comienza una vida nueva?
Rolón dice que es imposible porque llevamos todo con nosotros. Incluso cuando alguien se va a otro país, cambia de trabajo, termina una relación, lleva sus experiencias previas, sus miedos aprendidos, sus desilusiones. Eso es lo que somos.
Pero hay un matiz importante ahí. Él no dice que no puedas cambiar de circunstancias. Dice que no puedes cambiar el equipaje emocional que traes. Son cosas distintas.
Entonces, ¿cuál es el verdadero obstáculo? ¿El pasado o algo más?
Las expectativas. Tanto las propias como las que otros pusieron sobre nosotros. Rolón cuenta que cuando iba a empezar psicología, lo que lo paralizaba no era haber fracasado antes, sino el miedo a no cumplir con lo que se esperaba de él.
Aunque hay que notar que su padre le dio una expectativa diferente, ¿no? Le dijo que no le importaba que fracasara. Eso es una expectativa también, pero liberadora. No todos tienen eso.
¿Y la zona de confort? ¿Por qué la compara con una trinchera?
Porque aunque sea un lugar incómodo, es conocido. Ofrece seguridad falsa. Y uno se queda ahí por miedo a lo desconocido, aunque sepa que no es donde quiere estar.
Pero Rolón también dice que a veces es realmente tarde para algunas cosas. Pone el ejemplo de la chica que quería ser bailarina del Colón. Entonces no es tan simple como "siempre puedes cambiar".
¿Cómo se resuelve eso? ¿Cómo sé si es miedo o si realmente es tarde?
Creo que la pregunta que él propone es clave: ¿deseo estar donde estoy? Si la respuesta es no, entonces hay que moverse, aunque sea difícil. Si es sí, entonces está bien quedarse.
Pero eso presupone que uno sabe qué desea. Y muchas personas no lo saben. Muchas personas confunden el deseo con la costumbre.
¿Y la identidad? ¿Cómo entra eso en juego?
Rolón dice que nos aferramos a una idea fija de quiénes somos: "yo soy así". Pero eso nos paraliza. La identidad tiene que ser flexible. Tenemos que preguntarnos no solo quiénes somos, sino quiénes queremos ser.
The Pulse
- La ilusión de 'empezar de cero' es una trampa: llevamos siempre el equipaje de nuestras desilusiones, miedos aprendidos y sueños que no funcionaron.
- La zona de confort puede volverse una trinchera —sucia, incómoda, llena de ratas— pero conocida, y ese conocimiento se confunde peligrosamente con seguridad.
- La pregunta que Rolón propone como brújula es radical en su sencillez: ¿deseo estar donde estoy, o me quedo por costumbre y no por elección?
- Reconocer cuándo es genuinamente tarde y cuándo 'es tarde' es solo una excusa para no enfrentar el miedo es una distinción que puede definir una vida entera.
- La identidad rígida —el 'yo soy así'— es el obstáculo más profundo: flexibilizarla y orientarse por los propios deseos es, según Rolón, la única forma de sentirse verdaderamente vivo.
En un estudio de grabación porteño, el psicoanalista Gabriel Rolón se detuvo ante una de las preguntas más antiguas de la experiencia humana: por qué nos paraliza la posibilidad de comenzar de nuevo. Su respuesta no fue un manual de autoayuda sino una advertencia filosófica: nadie empieza de cero porque nadie puede desprenderse de lo que ya ha vivido, y lo que verdaderamente nos inmoviliza no es el pasado sino el peso de las expectativas —propias y ajenas— que convertimos en trinchera. El verdadero desafío, propone Rolón, no es reinventarse desde la nada sino reconocerse desde el deseo.
Gabriel Rolón llegó a los estudios de Spotify con una pregunta que lo persigue: ¿por qué nos paraliza la idea de empezar de nuevo? Desde el primer intercambio rechazó la premisa más extendida. Empezar de cero, dijo, es casi una utopía. Nadie llega a algo nuevo sin cargar consigo todo lo que ya vivió: las desilusiones, el miedo aprendido, los sueños que no funcionaron. Citó a Discépolo para explicarlo: una vez que has sentido hambre después de la plenitud, ya sabes que el otro se puede ir. Eso no se olvida.
Lo que realmente inmoviliza, según Rolón, no es el pasado sino el peso de las expectativas. Habló de su propia historia: había fracasado con la música, con la matemática, con las ciencias económicas antes de animarse a estudiar psicología. Fue su padre quien lo movió, diciéndole que no le preocuparía tener un hijo que fracasara, sino uno que no se animara a vivir sus sueños por miedo. Rolón salió. Con miedo, aclaró, pero salió. Porque quedarse paralizado es la única derrota verdadera.
La imagen más poderosa de la conversación fue la de la zona de confort como trinchera: un pozo de agua sucia, barro y ratas donde uno se siente a salvo precisamente porque es conocido. Así, explicó, la vida se transforma en trinchera: parejas que no satisfacen, trabajos que aburren, proyectos que ya no son propios. La pregunta que propone antes de cualquier decisión importante es simple pero radical: ¿deseo estar donde estoy, o me quedo por costumbre?
Rolón reconoció que a veces es efectivamente tarde —contó el caso de una paciente joven cuyo cuerpo ya le había dicho que no podría ser bailarina del Colón— pero advirtió sobre la trampa opuesta: confundir el miedo con la falta de tiempo. Muchas personas dicen 'ya estoy grande para esto' cuando en verdad tienen terror al desafío.
Lo más difícil, concluyó, es soltar la identidad rígida: ese 'yo soy así' que tratamos como algo permanente. La identidad no es fija. Somos también todo aquello que nos falta por vivir, y hay sueños que habitan en lugares que nuestra identidad teme investigar. El verdadero desafío es reconocerse no desde lo que se cree que se es, sino desde los deseos que se tienen. Un ser humano se siente más vivo cuando se para sobre sus deseos que cuando empieza a describir quién es.
Gabriel Rolón se sentó en los estudios de Spotify para grabar un episodio especial de La Fórmula Podcast, y desde el primer intercambio quedó clara la pregunta que lo obsesiona: ¿por qué nos paraliza la idea de empezar de nuevo? El psicoanalista argentino, conocido por traducir conceptos complejos del análisis en un lenguaje que cualquiera puede entender, rechazó de entrada la premisa más común. Empezar de cero, dijo, es casi una utopía. Nadie llega a nada nuevo sin llevar consigo todo lo que ya ha vivido: las desilusiones, los sueños que no funcionaron, el miedo aprendido. Citó a Discépolo, ese tango que dice "Si yo pudiera como ayer querer sin presentir", y explicó que una vez que has sido dejado solo de bebé, una vez que has sentido hambre después de la plenitud, ya sabes que el otro se puede ir. Eso no se olvida. No se empieza de cero porque no se puede.
Lo que realmente nos inmoviliza, según Rolón, no es el pasado sino el peso de las expectativas. Esas expectativas propias, esas que nos ponemos a nosotros mismos, y también las que otros volcaron sobre nuestras cabezas. Habló de su propia experiencia: cuando estaba a punto de comenzar la carrera de psicología, había fracasado ya con la música, con la matemática, con las ciencias económicas. Le asustaba intentar de nuevo. Pero su padre le dijo algo que lo cambió todo: que no le importaba tener un hijo que fracasara mucho, que lo que le preocuparía sería tener un hijo que no se animara a vivir sus sueños por miedo al fracaso. Rolón tomó esa expectativa del padre, se hizo cargo de ella, y salió. Salió con miedo, aclaró, pero salió. Porque si no sales, te quedas paralizado.
Luego vino la imagen que se quedó flotando en el aire: la zona de confort como trinchera. Rolón citó a Heidegger para decir que lo seguro no es seguro, es terrible. Explicó que a veces estamos en un lugar que no es bueno pero es conocido, y nos movemos ahí como si fuera seguro. La trinchera es un pozo lleno de agua sucia, de ratas, de barro, pero adentro uno se siente a salvo. Y da miedo salir, aunque sea un mal lugar. Entonces la vida se transforma en trinchera: uno se queda en una pareja que no lo satisface, en un trabajo que lo aburre, en un proyecto que ya no es suyo, todo porque al menos es conocido. La pregunta fundamental que Rolón propone hacer antes de cualquier decisión importante es simple pero radical: ¿por qué motivo me quedaría en este lugar? ¿Deseo estar donde estoy? Si la respuesta no es "porque estoy mejor contigo que sin ti", si la respuesta no es el deseo sino la costumbre, entonces algo no funciona.
Rolón reconoció que a veces es efectivamente tarde. Contó la historia de una paciente de catorce años que quería ser bailarina del Colón, pero su cuerpo ya le había dicho que no. Algunas cosas, aunque seas joven, ya no pueden ser. Pero también advirtió sobre la trampa opuesta: decir que es tarde cuando en realidad es miedo. Muchas personas dicen "tendría que haber hecho esto antes, ahora ya estoy grande para", cuando en verdad lo que tienen es terror a enfrentar el desafío. La vida, dijo, vale la pena vivirla aunque sea muriendo en el intento.
Lo más difícil, según Rolón, es desarraigarse de la identidad que uno ha estado construyendo durante años. Ese "yo soy así", ese "yo soy este", como si fuéramos algo permanente. Pero si no tenemos la capacidad de flexibilizar eso, la vida se vuelve aburrida. Citó el tango otra vez: vivir es cambiar. Y entonces preguntó: ¿quién soy? Soy el chico que tenía miedo en primer grado, el que se enamoró y le salió mal, el que fue engañado, el que engañó. ¿Cuál de todos estos soy yo? Bueno, un poco de todos, pero también soy todo aquello que me falta por vivir. Y hay una pregunta más importante aún: ¿quién quiero ser? Porque la identidad no es fija. Somos desconocidos para nosotros mismos. Hay un montón de sueños que habitan en lugares que nuestra identidad teme investigar, pero están allí y son mucho más nuestros que aquello que decimos que somos. El desafío permanente, concluyó Rolón, es reconocerse no a partir de lo que se cree que se es, sino a partir de los deseos que se tienen. Un ser humano se siente mucho más vivo y pleno cuando se para sobre sus deseos que cuando empieza a describir su identidad.
Notable Quotes
Empezar de cero es casi una utopía. Nadie empieza de cero, porque todos nos aventuramos a lo que viene con nuestras cargas.— Gabriel Rolón
Si la respuesta no es 'porque estoy mejor contigo que sin ti', esa pareja no tiene sentido.— Gabriel Rolón