Durante más de diecinueve meses, una etapa superior del cohete Falcon 9 de SpaceX derivó sin rumbo por el espacio hasta que la gravedad lunar reclamó su destino el 5 de agosto. Lo que pudo parecer un accidente cósmico se convirtió en un experimento involuntario: la NASA documentó el cráter resultante desde órbita, hallando en sus rayos de material expulsado un registro inesperado de la geología lunar. Así, los residuos de la exploración humana se transforman, a veces, en instrumentos del conocimiento.