En las aguas tranquilas de la Presa de Rincón, República Dominicana inscribió su nombre en el medallero de los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe con una plata en remo, primer fruto de un país que apostó por ser anfitrión y ahora comprueba que sus atletas están a la altura. La noche anterior, las lágrimas de Félix Sánchez al portar la antorcha habían recordado que el deporte no es solo competencia, sino memoria colectiva y promesa de futuro. Santo Domingo abre así una jornada que convoca a más de veinte naciones bajo la misma llama.