Pintores de Teherán capturan barrios antiguos ante demoliciones masivas

Las pinturas nos vinculan con lo que desaparece
Un carpintero de Teherán explica por qué los artistas pintan los barrios antiguos de la ciudad antes de que sean demolidos.
Mark

¿Por qué estos pintores sienten tanta urgencia ahora? ¿Qué cambió?

Mimi

La pandemia cerró galerías y museos, pero también detuvo las obras de construcción. Los artistas salieron a las calles y descubrieron que podían documentar los barrios antiguos sin la prisa habitual de la ciudad. Pero lo más importante es que ven cómo desaparecen. Teherán pasó de 4.5 millones a más de 10 millones de habitantes en cuarenta años. Los rascacielos reemplazan a los palacios Qajar.

Luke

¿Pero cuántos edificios históricos se han demolido realmente? El artículo dice "muchas áreas" y "algunas de las gemas", pero no da números específicos. ¿Sabemos cuánto del antiguo Teherán ya se perdió?

Mimi

Es verdad que no hay cifras exactas en el reportaje. Lo que sí sabemos es que fue suficiente para que historiadores y artistas se alarmen. Las redes sociales han amplificado esa preocupación.

Mark

¿Y el mercado de arte? ¿Eso es parte de la preservación o es algo diferente?

Mimi

Es ambiguo. Los pintores venden sus obras a extranjeros que sienten nostalgia por una Irán que no conocen. Eso genera demanda, pero también significa que la memoria se convierte en mercancía. Naderali vende docenas de cuadros. ¿Eso preserva la cultura o la comercializa?

Luke

El artículo menciona que una subasta vendió 2.2 millones de dólares en obras, pero no dice cuánto de eso fue para estos pintores de plein air específicamente. ¿Son ellos los que se benefician del boom del arte o es un mercado más amplio?

Mimi

Probablemente ambos. Naderali vende a nivel nacional e internacional. Pero el artículo no distingue entre los pintores callejeros documentalistas y los artistas que trabajan en galerías. Podría haber una diferencia importante.

Mark

¿Qué pasa con la censura? El artículo menciona que después de 1979 prohibieron la pintura. ¿Eso sigue siendo un problema?

Mimi

Ha mejorado. Las restricciones disminuyeron, especialmente después de la guerra con Irak. Pero el artículo dice que las exposiciones requieren licencias gubernamentales. Así que hay libertad, pero dentro de límites.

Luke

Y eso es importante porque el presidente actual, Raisi, es descrito como intransigente y hostil a la influencia cultural occidental. ¿Eso significa que la libertad que ganaron podría estar en riesgo?

Mimi

Es una pregunta abierta. El museo reabrió con Warhol justo antes de que Raisi fuera elegido. Podría ser un gesto final de apertura, o podría ser que el nuevo gobierno tolere el arte mientras sea sobre temas iraníes. Los pintores de Teherán antiguo están en un territorio seguro culturalmente.

Mark

Entonces, al final, ¿qué están haciendo realmente estos pintores? ¿Preservan o simplemente documentan?

Mimi

Documentan con la esperanza de que la documentación sea preservación. Que alguien vea un cuadro de Oudlajan y entienda lo que se perdió. Que la memoria no desaparezca con los edificios.

  • Teherán pierde cada año fragmentos irreemplazables de su arquitectura Qajar, demolidos para levantar torres que responden a una ciudad que duplicó su población desde 1979.
  • La pandemia, al cerrar galerías y detener obras, empujó a los artistas hacia las calles abiertas, donde encontraron no solo luz y brisa, sino una urgencia nueva: pintar antes de que desaparezca.
  • La nostalgia iraní —por los aqueménidas, por Isfahan, por los palacios de espejos— se intensifica en un país golpeado por sanciones y aislamiento, convirtiendo cada cuadro en un acto político y emocional.
  • Las redes sociales amplifican el trabajo de estos pintores, creando conciencia sobre el patrimonio en riesgo y conectando a artistas locales con la diáspora iraní hambrienta de raíces.
  • El mercado del arte en Teherán responde con fuerza: subastas millonarias, galerías llenas de jóvenes y escuelas de arte con mayoría de mujeres señalan que la escena cultural florece a pesar de las restricciones.
  • Entre la ira pública por el costo de vida y la incertidumbre política, los pintores sostienen una convicción silenciosa: el arte nace en la pobreza, y en Teherán aún hay mucho por recordar.

En Teherán, donde las grúas compiten con los minaretes en el horizonte, un grupo de pintores ha convertido las calles en archivos vivos. Ante la demolición acelerada de barrios del siglo XIX y el avance implacable de la modernización, estos artistas practican el plein air como acto de memoria colectiva. Lo que la pandemia despertó como refugio personal se ha transformado en una vocación cívica: preservar, con pigmento y pincel, lo que el cemento y el olvido amenazan con borrar para siempre.

En las calles de Teherán, mientras las grúas reconfiguran el horizonte y los barrios del siglo XIX ceden ante torres de apartamentos, un número creciente de pintores ha abandonado sus estudios para capturar lo que desaparece. La práctica del plein air se aceleró durante la pandemia: con galerías cerradas y obras detenidas, los artistas encontraron en las calles abiertas tanto refugio como misión.

Teherán alberga hoy más de diez millones de habitantes, más del doble que en 1979. El crecimiento acelerado, impulsado por la migración y la guerra con Irak en los años ochenta, llevó al gobierno a responder con complejos inmobiliarios masivos. Los palacios del período Qajar —conocidos por sus intrincados mosaicos de espejos— fueron reemplazados. Algunos barrios enteros desaparecieron.

El pintor Hassan Naderali, de 58 años, instaló su estudio al aire libre durante la pandemia y nunca dejó de hacerlo. Con pinceladas sueltas e impresionistas, captura el juego de luces en las ruinas de su entorno y vende sus obras a clientes nacionales y extranjeros. Somayyeh Abedini, empleada del gobierno en el histórico barrio de Oudlajan, pinta los callejones y villas amuralladas donde su padre vivió y murió. Para ella, pintar es honrar una herencia que se destruye.

Esa nostalgia tiene raíces profundas. Los iraníes en el extranjero añoran los aqueménidas de Persépolis y el esplendor islámico de Isfahan. El anhelo se agudiza mientras el país enfrenta sanciones, aislamiento y malestar social por el deterioro del nivel de vida. Las redes sociales han permitido a artistas e historiadores contrarrestar la amnesia cultural, enseñando el valor de los lugares antiguos a nuevas generaciones.

La escena artística iraní ha florecido a pesar de décadas de restricciones. El Museo de Arte Contemporáneo de Teherán, que guardó en sus bóvedas Monets y Picassos durante años, ha ido abriéndose progresivamente. Las casas de subastas registran ventas millonarias, la televisión estatal transmite lecciones de pintura y las escuelas de arte —con mayoría de estudiantes mujeres— están llenas. En Teherán, mientras la ciudad se reconstruye, los artistas pintan para que no se olvide lo que fue.

En las calles de Teherán, mientras las grúas marcan el horizonte y los barrios del siglo XIX ceden paso a torres de apartamentos, un creciente número de pintores ha salido de sus estudios abarrotados para capturar lo que desaparece. La práctica del plein air —pintar al aire libre— se aceleró durante los cierres por pandemia, cuando galerías y museos cerraron durante meses y las obras de construcción se detuvieron. Lo que comenzó como un refugio se convirtió en una misión: documentar la belleza histórica de una ciudad que se transforma demasiado rápido.

Teherán es hoy una metrópolis de más de diez millones de habitantes, más del doble de los 4.5 millones que tenía en 1979, cuando la Revolución Islámica transformó el país. El crecimiento acelerado coincidió con la invasión iraquí de la década de 1980 y la migración masiva hacia la capital en busca de oportunidades. El gobierno respondió a la crisis de vivienda con complejos inmobiliarios masivos. Las joyas arquitectónicas del período Qajar —esos palacios del siglo XIX construidos poco después de que la capital se trasladara a Teherán en 1796, conocidos por sus intrincados mosaicos de espejos— fueron reemplazadas por nuevas construcciones. Algunos barrios enteros desaparecieron.

Morteza Rahimi, carpintero de 32 años y aficionado al arte que vive en el centro de Teherán, lo expresa con claridad: las pinturas vinculan a las personas con diseños y sentimientos que se están desvaneciendo, ayudando a recordar cuántos edificios antiguos hermosos se han convertido en escombros. Hassan Naderali, pintor de 58 años, pinta con pinceladas sueltas y colores brillantes en estilo impresionista, buscando capturar el juego de luces en las ruinas de su entorno. Durante la pandemia, instaló su estudio afuera. Salía todos los días, encontrando acceso a los sitios que deseaba pintar bajo el sol, sintiendo la brisa. Ahora vende docenas de sus obras —muchas representan antiguos palacios persas y casas tradicionales— a clientes nacionales y extranjeros.

La demanda es real. Existe un anhelo profundo por épocas pasadas, especialmente entre los iraníes en el extranjero: nostalgia por los aqueménidas que tallaron bajorrelieves en Persépolis hace 2.500 años, por Isfahan cuando fue joya de la cultura islámica en el siglo XVII. Esa nostalgia se ha agudizado mientras Irán, devastado por sanciones y aislado de la economía mundial, hierve de ira pública por el aumento de precios y la disminución del nivel de vida. Las conversaciones para revivir el acuerdo nuclear que el expresidente Donald Trump abandonó hace cuatro años no han progresado en el último año.

Somayyeh Abedini, empleada del gobierno que vive en el histórico barrio de Oudlajan, pinta los horizontes arqueados, callejones frondosos y villas amuralladas de su vecindario. Para ella, el impulso es personal: esos lugares antiguos son raíces, herencia. Su padre pasó toda su vida en Oudlajan y murió allí. Es una pena, dice, que muchos de ellos hayan sido destruidos. A través de las redes sociales, artistas e historiadores han intentado contrarrestar la amnesia cultural. El experto en arte Mostafa Mirzaeian señala que las redes sociales han creado conciencia sobre los riesgos que enfrentan los edificios históricos, enseñando a la gente el valor de los lugares antiguos y sus dimensiones culturales y artísticas.

La escena artística contemporánea de Irán ha florecido a pesar de las dificultades. Durante años, después de 1979, los intransigentes prohibieron el arte moderno e incluso intentaron prohibir la pintura. La extensa colección del Museo de Arte Contemporáneo de Teherán, valorada en miles de millones de dólares, permaneció en sus bóvedas. Pero el establecimiento clerical llegó a apreciar la forma de arte durante la guerra entre Irán e Irak que comenzó en 1980. Muchas obras del museo —Monets, Picassos, Jackson Pollocks adquiridos durante el auge petrolero bajo el sha Mohammed Reza Pahlevi— se han exhibido en las últimas décadas a medida que disminuyeron las restricciones culturales. El verano pasado, pocos días antes de la elección del presidente Ebrahim Raisi, un clérigo intransigente, el museo reabrió con una retrospectiva de Andy Warhol.

Hoy, artistas iraníes exitosos han transformado el mercado del arte de Teherán en una escena dinámica. Las casas de subastas obtienen altos precios para pintores locales. Una subasta registró ventas de más de 2.2 millones de dólares por 120 obras. La televisión estatal transmite regularmente lecciones de pintura, incluyendo el programa "The Joy of Painting" del difunto Bob Ross, que inspira a aficionados a crear sus propias obras. Las escuelas de arte florecen, con mayoría de estudiantes mujeres. Las elegantes galerías de Teherán están llenas de gente joven. Naderali recuerda que una vez un transeúnte le dijo: el arte nace en la pobreza y muere en la riqueza. En Teherán, mientras la ciudad se reconstruye a sí misma, los artistas pintan para que no se olvide lo que fue.

Las pinturas nos vinculan con diseños pasados y sentimientos que están desapareciendo. Nos ayudan a recordar cuántos edificios antiguos hermosos se han convertido en escombros.
— Morteza Rahimi, carpintero y aficionado al arte de Teherán
Las redes sociales han creado conciencia entre la gente sobre los riesgos que ponen en peligro los edificios históricos. La gente está aprendiendo a conocer el valor de los lugares más antiguos.
— Mostafa Mirzaeian, experto en arte
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