A sus ochenta y tantos años, Daniel Ortega ha consumado lo que medio siglo de poder fue preparando: la abolición formal de las elecciones en Nicaragua, convirtiendo al país en el primer Estado latinoamericano contemporáneo en renunciar abiertamente a la ficción democrática. No es un capricho de vejez, sino la conclusión lógica de un sistema que siempre tuvo como principio irrenunciable no soltar el poder. Respaldado por China y Rusia, Ortega cierra un círculo histórico que el bolivarianismo trazó durante décadas, y lo hace en un momento en que el mundo ofrece menos resistencia que nunca a quie
Ortega cancela elecciones: el fin de las dictaduras bolivarianas con apariencia democrática
La oposición nicaragüense ha sido diezmada mediante encarcelamiento y exilio, eliminando la capacidad de resistencia democrática y dejando a la población sin mecanismos de participación política.