En los minutos previos a la final del Mundial, un adolescente de dieciséis años llamado Valentín —hijo de padres ucranianos— fue rodeado y golpeado en Bilbao por cuatro jóvenes que le arrancaron la bandera española que llevaba al cuello. Las heridas físicas sanaron pronto; las psicológicas, no: el joven sufre estrés postraumático y no puede salir de casa. El caso recuerda cómo la identidad —la propia y la ajena— puede convertirse en detonante de violencia en los momentos en que el deporte promete unión.
Menor agredido en Bilbao durante el Mundial busca justicia tras sufrir estrés postraumático
Adolescente de 16 años agredido físicamente y con secuelas psicológicas severas, incluyendo estrés postraumático residual que requiere tratamiento psicológico y le impide salir de casa.