Maurizio Cattelan, el artista italiano que convirtió una banana pegada a la pared en una obra de 6,2 millones de euros, se enfrenta hoy a la paradoja más profunda de su carrera: la provocación que alguna vez fue un acto de rebeldía se ha vuelto un activo financiero codiciado por el mismo sistema que pretendía cuestionar. Su trayectoria invita a preguntarse si el arte puede seguir siendo subversivo cuando el mercado lo abraza con entusiasmo, y si el provocador que triunfa deja de serlo en el momento mismo de su triunfo.
Maurizio Cattelan: el provocador que no esperaba que sus obras alcanzaran millones
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