En Brasilia, las dos economías más grandes de América Latina se encontraron no para firmar papeles, sino para trazar una visión compartida del orden regional y global. Lula invitó formalmente a Sheinbaum a una visita de Estado mientras Petrobras y Pemex sellaban una alianza energética que abarca desde aguas profundas hasta la transición sostenible. Lo que emerge no es solo cooperación técnica, sino la voluntad de dos potencias progresistas de hablar con una sola voz ante instituciones multilaterales que consideran insuficientemente representativas.