Entre 1950 y 1960 nació una generación que aprendió, desde niña, que el trabajo no era una vocación sino una obligación sagrada. Los llamados 'baby boomers' construyeron su identidad sobre una ecuación sencilla pero exigente: estabilidad laboral equivalía a dignidad humana. Décadas después, psicólogos observan que muchos de ellos cargan con un agotamiento profundo, no tanto por lo que no lograron, sino por la distancia entre lo que el mundo les prometió y lo que el mundo moderno les devolvió.