Bajo las calles de Londres, en las bóvedas del Banco de Inglaterra, reposa el oro de setenta naciones: doscientos mil millones de dólares que convierten a la capital británica en el mayor custodio de reservas metálicas del mundo. Mientras Europa acelera la repatriación de sus lingotes desde Estados Unidos —movida por una desconfianza creciente ante la inestabilidad geopolítica— Londres consolida silenciosamente su papel como refugio de soberanía. El oro, ese metal que los pueblos han guardado como promesa de sí mismos, vuelve a trazar los contornos de la confianza en un orden mundial que se re
Londres mantiene su rol como custodio del oro de 70 países por 200.000 millones
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