Las vacunas de ARN mensajero son seguras para niños; casos de miocarditis son extremadamente raros (1 por millón en menores de 11 años) y generalmente leves. Contra Ómicron, las vacunas previenen hospitalizaciones con 40-83% de protección en niños de 5-11 años, aunque son menos efectivas limitando infecciones.
La vacunación COVID-19 en niños avanza lentamente pese a su seguridad comprobada
Más de dieciséis mil niños murieron, y esa cifra puede ser varias veces mayor
¿Por qué la vacunación en niños avanza tan lentamente si ya sabemos que es segura?
Hay varias razones. Muchos padres creen que sus hijos ya tienen inmunidad porque se infectaron, y otros piensan que Ómicron es tan leve que no vale la pena vacunar. Además, los organismos de salud no han comunicado bien los riesgos reales.
Pero espera —¿cuántos niños realmente se infectaron? Si los gobiernos redujeron los testeos, ¿cómo sabemos que la mayoría ya tuvo COVID?
Entonces la seguridad no es el problema principal.
No. Los datos son claros: la miocarditis es extremadamente rara, uno por millón en menores de once años. Los efectos secundarios más comunes son leves. El problema es la percepción del riesgo.
Aunque hay que notar que la información sobre efectividad es incompleta. No tenemos datos claros sobre COVID prolongado en niños, y las estimaciones varían entre 2 y 66 por ciento.
¿Qué tan bien funcionan las vacunas contra Ómicron en niños?
Previenen hospitalizaciones entre un 40 y 83 por ciento, según el país y otros factores. Son menos efectivas limitando la infección, pero eso es lo mismo que en adultos.
Pero esas cifras varían mucho según dónde se hizo el estudio. El tiempo desde la vacunación, la intensidad de testeos, las olas previas —todo influye. No es un número único.
Chile logró una cobertura del 90 por ciento. ¿Cómo lo hizo?
Acceso. Postas móviles en escuelas y barrios. Cuando la vacuna llega a donde están los niños, más padres la aceptan. La confianza en los beneficios de la vacunación fue más fuerte que los rumores antivacunas.
Pero eso también sugiere que en otros países el problema no es solo la percepción del riesgo, sino la logística. En Países Bajos solo el 3 por ciento está vacunado. ¿Es desconfianza o falta de acceso?
¿Qué dice la evidencia sobre las muertes infantiles?
Más de dieciséis mil menores de veinte años murieron por COVID-19. Hotez dice que esa cifra podría ser varias veces mayor si se cuentan todas las muertes.
Pero ¿cuántas de esas muertes ocurrieron antes de que las vacunas estuvieran disponibles? ¿Cuántas después? Necesitamos ese contexto temporal para entender si la vacunación habría prevenido esas muertes específicamente.
The Pulse
- 120 países autorizan vacunas COVID-19 para niños mayores de 5 años; una docena desde los 6 meses
- Miocarditis en menores de 11 años: aproximadamente 1 por cada millón de vacunados, generalmente leve
- Protección contra hospitalización: 40-83% en niños de 5-11 años con dos dosis Pfizer-BioNTech
- Solo 8% de menores de 5 años en EE.UU. recibió al menos una dosis desde junio de 2022
- Más de 16.000 menores de 20 años murieron por COVID-19 durante la pandemia
Las vacunas de ARN mensajero son seguras para niños; casos de miocarditis son extremadamente raros (1 por millón en menores de 11 años) y generalmente leves. Contra Ómicron, las vacunas previenen hospitalizaciones con 40-83% de protección en niños de 5-11 años, aunque son menos efectivas limitando infecciones.
120 países autorizan vacunas COVID-19 para niños mayores de 5 años, pero la inmunización avanza lentamente debido a baja percepción de riesgo parental y dudas sobre seguridad, aunque estudios confirman eficacia contra cuadros graves.
Hace más de un año que las vacunas contra el COVID-19 llegaron a los niños. Hoy, 120 países las aplican a menores de cinco años en adelante, y una docena de naciones —entre ellas Estados Unidos y Argentina— las autorizan incluso desde los seis meses de vida. Pero el ritmo de inmunización infantil sigue siendo lento, muy por debajo del que alcanzaron los adultos en sus primeras campañas. Mientras algunos padres esperaban con urgencia estas autorizaciones para proteger mejor a sus hijos, otros han permanecido escépticos, dudando de la seguridad y la efectividad de estas dosis.
La mayoría de las vacunas pediátricas utilizadas en el mundo se basan en tecnología de ARN mensajero, desarrolladas por Pfizer-BioNTech y Moderna. Según Kawsar Talaat, especialista en enfermedades infecciosas de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins Bloomberg en Baltimore, estas vacunas "son realmente seguras para todo el mundo, incluidos los niños". Los efectos secundarios más graves reportados —inflamación del músculo cardíaco y su revestimiento, conocidas como miocarditis y pericarditis— son extraordinariamente raros. En niños de cinco a once años, la incidencia es de aproximadamente uno por cada millón de vacunados. La mayoría de los efectos adversos en menores han sido leves: dolores de cabeza y fiebre que se resuelven por sí solos.
Respecto a la efectividad contra Ómicron, la variante que se volvió dominante desde noviembre del año pasado, los datos muestran un panorama matizado. Las vacunas de ARN mensajero son buenas para prevenir cuadros graves de la enfermedad, pero menos efectivas para evitar la infección en sí. Estudios realizados en Singapur, Estados Unidos e Italia demuestran que dos dosis de la vacuna Pfizer-BioNTech ofrecen protección de moderada a buena contra la hospitalización en niños de cinco a once años, reduciendo el riesgo entre un 40 y un 83 por ciento. Las dosis de refuerzo también funcionan: cinco meses después de una segunda dosis, un refuerzo restauró la protección al 81 por ciento en adolescentes estadounidenses. En Argentina, los menores de tres a diecisiete años deben recibir su primer refuerzo cuatro meses después de la segunda dosis.
La información disponible sobre la efectividad es, sin embargo, incompleta. Desde que Ómicron comenzó a circular, millones de niños ya habían estado expuestos al virus cuando iniciaron las campañas de vacunación. Además, muchos gobiernos redujeron drásticamente los testeos, lo que impide tener un cuadro claro de cuántas personas realmente se infectan. Las vacunas también protegen contra una complicación rara pero grave llamada síndrome inflamatorio multisistémico en niños, aunque aún no está claro si pueden reducir la incidencia del COVID prolongado, condición en la que los síntomas persisten meses después de la infección inicial.
El grupo más reciente en recibir autorización son los menores de seis meses a cuatro años. Desde que Estados Unidos aprobó las dosis para este grupo en junio, solo alrededor del 8 por ciento de los niños menores de cinco años ha recibido al menos una dosis, y las tasas semanales de vacunación han ido disminuyendo. Pfizer reportó en agosto que tres dosis de su vacuna tenían una efectividad del 76 por ciento en prevenir COVID-19 en niños de seis meses a dos años, y del 72 por ciento en los de dos a cuatro años, durante la circulación de la subvariante BA.2 de Ómicron.
Alrededor de dos docenas de países también han aprobado dos vacunas chinas con virus inactivados —producidas por Sinovac y Sinopharm— para niños hasta de seis meses. Datos de Argentina, Brasil y Chile muestran que dos dosis de estas vacunas son moderadamente efectivas para prevenir COVID-19 en niños de tres años o más, aunque ofrecen mejor protección contra la hospitalización. La cobertura de vacunación varía enormemente según la región. Chile logró una tasa de inmunización completa cercana al 90 por ciento en niños de tres a diecisiete años, en parte gracias a una amplia red de centros de vacunación que incluye postas móviles en escuelas y barrios. En contraste, solo el 28 por ciento de los niños de cinco a once años en Nueva Zelanda está completamente inmunizado, y apenas el 3 por ciento en los Países Bajos.
La lentitud en la vacunación infantil obedece a varios factores. Muchos padres se preguntaron por qué vacunar a hijos que ya habían sido infectados y se recuperaron, según Fiona Russell, pediatra y epidemióloga de la Universidad de Melbourne. La percepción de que Ómicron es una variante leve también ha desalentado la inmunización: los hospitales no se vieron tan saturados como con variantes anteriores, gracias a la vacunación masiva de adultos y mejores tratamientos disponibles. Pero esta percepción es incorrecta, advierte Peter Hotez, del Hospital de Niños de Texas en Houston. Según Hotez, los organismos de salud pública no han comunicado adecuadamente los riesgos del COVID-19 pediátrico. Más de dieciséis mil niños menores de veinte años han muerto por COVID-19 durante la pandemia, una cifra que Hotez estima "puede ser varias veces mayor". Aunque la mayoría de las muertes por pandemia ocurrieron en personas de sesenta y cinco años o más, el número de muertes infantiles sigue siendo sustancial y prevenible.
Notable Quotes
Las vacunas de ARN mensajero son realmente seguras para todo el mundo, incluidos los niños— Kawsar Talaat, especialista en enfermedades infecciosas, Escuela de Salud Pública Johns Hopkins Bloomberg
No se ha comunicado adecuadamente el importante número de muertes y hospitalizaciones entre los niños— Peter Hotez, Hospital de Niños de Texas