La medicina boliviana del siglo XX dividida entre patologizar y glorificar al indígena

Indígenas fueron discriminados en atención médica durante la pandemia de COVID-19 por temor del personal sanitario; históricamente fueron sujetos de experimentación médica sin consentimiento.
Congelados en estereotipos que limitan su complejidad
Claros describe cómo ambas narrativas médicas, patologización y glorificación, perpetuaban dinámicas de racismo al reducir al indígena a categorías fijas.
Mark

¿Por qué un sociólogo estudia archivos médicos? ¿Qué esperaba encontrar?

Mimi

Claros notó que durante el COVID surgieron dos narrativas opuestas sobre indígenas y el virus. Eso lo llevó a preguntarse si era algo nuevo o si la medicina siempre había visto así al indígena. Encontró que sí, que durante cincuenta años la medicina boliviana lo representaba de dos maneras contradictorias.

Luke

Pero espera. ¿Eso significa que los médicos de la época creían ambas cosas simultáneamente, o que diferentes médicos creían cosas diferentes?

Mimi

Diferentes médicos, principalmente. Veintemillas creía que los indígenas eran vectores de enfermedad. Mendoza creía que eran biológicamente resistentes. Pero lo importante es que ambas ideas circulaban en los mismos espacios médicos, en las mismas revistas.

Mark

¿Y qué ganaba la medicina con esas dos narrativas?

Mimi

Legitimidad. Si el indígena era patógeno, justificaba la discriminación y la experimentación médica sin consentimiento. Si era biológicamente superior, justificaba estudiarlo como un tipo especial, único. En ambos casos, lo mantenía como objeto de estudio, no como paciente.

Luke

Pero el libro solo cubre hasta 1950. ¿Cuánta evidencia hay de que estas ideas persisten hoy? El COVID y el gen andino son dos ejemplos, pero ¿son suficientes?

Mimi

Son los ejemplos que Claros menciona explícitamente. Probablemente hay más, pero el libro se enfoca en documentar cómo se construyeron esas narrativas en el archivo médico del siglo XX.

Mark

¿Hubo resistencia indígena a esto? ¿Qué dicen los indígenas sobre cómo fueron tratados?

Mimi

El artículo menciona que indígenas denunciaron no recibir atención durante el COVID. Pero no hay mucha voz indígena en el análisis de Claros. Él está leyendo lo que escribieron los médicos, no necesariamente lo que vivieron los indígenas.

Luke

Eso es importante. Estamos viendo cómo la medicina patologizaba o glorificaba al indígena, pero no sabemos mucho sobre cómo los indígenas entendían sus propios cuerpos o resistían estas categorías.

Mimi

Exacto. El libro documenta el discurso médico. Eso es valioso, pero es solo una parte de la historia.

  • Estudio cubre medicina boliviana 1900-1950
  • Médicos como Veintemillas recolectaban sangre indígena sin consentimiento documentado
  • Jaime Mendoza argumentaba resistencia genética andina a enfermedades
  • Durante COVID, indígenas fueron discriminados en atención médica

Textos médicos de 1900-1950 dividían al indígena entre patologizado (culpable de epidemias) o glorificado (resistente por la altitud). Médicos como Félix Veintemillas consideraban a mujeres indígenas como vectores de tifus; otros como Jaime Mendoza argumentaban resistencia genética andina.

Un estudio revela cómo la medicina boliviana del siglo XX representaba a indígenas como vectores de enfermedad o como seres biológicamente superiores, perpetuando racismo científico y estereotipos que persisten hoy.

Cuando el coronavirus llegó a Bolivia, emergieron dos narrativas contradictorias sobre los cuerpos indígenas. En algunos hospitales, el personal médico se negaba a atender a pacientes originarios por miedo al contagio, culpándolos de ser focos de infección por no respetar la cuarentena. Simultáneamente, en las comunidades andinas circulaba la idea opuesta: que el cuerpo indígena, forjado por siglos en las alturas, poseía una resistencia natural al virus. Esta paradoja no sorprendió al sociólogo Javier Andrés Claros. Al revisar archivos médicos bolivianos, descubrió que la biomedicina nunca había visto al indígena de una sola manera. Durante la primera mitad del siglo XX, entre 1900 y 1950, la medicina científica lo representaba desde dos perspectivas aparentemente opuestas pero igualmente dañinas: como patógeno o como ser biológicamente superior.

En aquella época, Bolivia estaba regularizando la producción de revistas médicas especializadas, intentando profesionalizar una disciplina que aún carecía de prestigio. La bacteriología daba sus primeros pasos, y los médicos no sabían cómo prevenir ni tratar enfermedades como la sífilis, tuberculosis, fiebre tifoidea y tifus exantemático. Para comprenderlas, vincularon estas infecciones con la geografía y el cuerpo indígena, creando una teoría que atravesaría todos los textos de la época: el cuerpo andino era un tipo biológico singular en el que las enfermedades adquirían especificidades propias, y además era perpetuador de prácticas antihigiénicas que amenazaban la salud pública. En las tesis, boletines y revistas médicas se mezclaban factores biológicos con sociales y culturales, convergiendo el racismo científico liberal, la herencia colonial y un indigenismo nacionalista que, en la práctica, legitimaba la discriminación.

La patologización fue sistemática. Médicos como Félix Veintemillas, entre los años treinta y cuarenta, presentaban a la mujer indígena como el vehículo que transportaba el tifus desde el campo a la población blanca, considerando a los andinos como el "reservorio" de la enfermedad. Veintemillas recolectaba muestras de sangre de indígenas para desarrollar sueros, sin consentimiento documentado. Néstor Morales Villazón postuló la existencia de una "tuberculosis indígena" específica de Bolivia, argumentando que el cuerpo aimara y quechua era más susceptible a las bacterias. Llegó a proponerse, basándose en crónicas de la Conquista, que la sífilis se había transmitido de la llama al indígena a través de relaciones sexuales, reflejando los prejuicios de "primitivos" y "bárbaros" que envolvían toda la narrativa médica. Morales Villazón incluso propuso una vacunoterapia que no solo incluía inyecciones, sino "corregir" las prácticas culturales que consideraba vectores de enfermedad.

Pero la medicina boliviana también glorificó al indígena, aunque de manera igualmente reductora. El médico y geógrafo Jaime Mendoza, autor de El macizo boliviano (1935), argumentaba que la geografía andina —la altitud, el clima, el aislamiento— había moldeado históricamente a la población, permitiendo que el cuerpo indígena desarrollara una resistencia única a las enfermedades virulentas. Mendoza encontró pocos casos de tuberculosis entre la población aimara y concluyó que el indígena andino había recibido desde tiempos ancestrales los beneficios de la altura y la luz solar, otorgándole una supuesta inmunidad. Esta teoría se convirtió en la más difundida de la época, presentando al indígena no como culpable sino como biológicamente excepcional.

Lo que Claros documenta en su libro El indio patologizado y glorificado es que ambas representaciones, aunque opuestas en apariencia, servían al mismo propósito: congelar al indígena en estereotipos que negaban su complejidad. Ya fuera culpándolo de epidemias o atribuyéndole poderes biológicos especiales, la medicina científica lo mantenía fuera del marco de la humanidad común. Hacia mediados del siglo XX, estas narrativas perdieron fuerza conforme las enfermedades infecciosas se comprendieron de manera más estandarizada. Sin embargo, la vinculación entre lo indígena y la enfermedad persistió.

Hoy, esa huella sigue visible. Durante la pandemia de COVID-19, indígenas reportaron no recibir atención médica porque el personal sanitario temía contagiarse, reproduciendo la patologización histórica. Simultáneamente, investigadores de la Universidad Mayor de San Andrés identificaron un gen mutado en pobladores andinos que les permite mejor adaptación a la altitud, perpetuando la glorificación. Claros sostiene que ambas narrativas, aunque opuestas, han dejado una marca persistente que perpetúa dinámicas de racismo e idealización, congelando a los pueblos indígenas en estereotipos que limitan su complejidad y los relacionan permanentemente con la enfermedad. La medicina boliviana del siglo XX no superó el racismo; simplemente aprendió a expresarlo de dos formas simultáneamente contradictorias.

Cuando surgen enfermedades desconocidas, nadie quiere hacerse cargo. La tendencia es buscar culpables en el otro. Se vio con el covid, la fiebre amarilla, la gripe española o el VIH
— Javier Andrés Claros, sociólogo
Ambas representaciones, aunque opuestas, han dejado una huella persistente en la narrativa social y cultural de Bolivia, perpetuando dinámicas de racismo e idealización hacia los pueblos indígenas
— Javier Andrés Claros
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