Desde siempre, la gente que murmura para sí misma mientras busca las llaves o recorre los pasillos del supermercado ha sido objeto de miradas curiosas. Ahora, investigadores de la Universidad de Wisconsin-Madison confirman que ese hábito aparentemente excéntrico tiene una base neurológica sólida: pronunciar en voz alta el nombre de lo que se busca activa simultáneamente dos canales cerebrales —el auditivo y el visual— acelerando la localización de objetos de forma medible. La ciencia, una vez más, rehabilita lo que la costumbre social había convertido en motivo de vergüenza.