En un gesto que invierte la lógica habitual del poder y la acumulación, Elon Musk —hoy uno de los pocos trillonarios de la historia— eligió en 2021 desprenderse de más de cien millones de dólares en propiedades para habitar una casa prefabricada de 37 metros cuadrados en el desierto de Texas. La decisión, tomada junto a su familia y anclada cerca de las instalaciones de SpaceX, plantea una pregunta que la humanidad ha formulado en distintas épocas: ¿qué relación guarda la riqueza con la forma en que uno elige vivir? Que esa pregunta permanezca sin respuesta definitiva —incluso ahora que su for