En vísperas del 7 de agosto, la Alcaldía de Ibagué ha trazado un perímetro de orden sobre su ciudad: ley seca, cielos cerrados a drones y calles restringidas en el centro histórico. El Decreto 1000-0460 no es solo un conjunto de prohibiciones, sino el reflejo de una tensión permanente entre la vida cotidiana y la necesidad de garantizar seguridad colectiva en momentos de concentración pública. Ibagué, como tantas ciudades, negocia ese equilibrio entre libertad de movimiento y resguardo del orden.