A los 33 años, Eduardo cruzó el umbral que separa la vida de lo desconocido y regresó para contarlo. Durante una hora, su corazón no latió en una cancha de tenis en Madrid, mientras los médicos desafiaban pronósticos que apuntaban al silencio definitivo. Lo que trajo consigo al despertar —visiones de un abuelo fallecido, la perspectiva aérea de su propio traslado en ambulancia— no es fácil de clasificar, pero sí de reconocer: una experiencia que reordenó por completo su relación con el tiempo, la muerte y el propósito.
Hombre revive tras paro cardíaco y relata encuentro con su abuelo fallecido
Eduardo sufrió daño neurológico inicial y problemas de memoria tras el paro cardíaco, aunque logró recuperarse significativamente con el tiempo.