El 40% de la superficie terrestre está degradada y el 75% se ha vuelto más seco en tres décadas, amenazando seguridad alimentaria y energética global. Los pastizales, que almacenan 30% del carbono mundial, acumulan 50% de degradación; el sector privado comienza a reconocer pérdidas de rentabilidad por menor rendimiento.
La degradación de suelos cuesta 780.000 millones anuales mientras la ONU urge restaurar tierras
Pasar de las palabras a la acción, incrementar la inversión en restauración
¿Por qué Mongolia específicamente? ¿Qué la hace diferente para esta conversación?
Mongolia es un país de pastores nómadas. Su identidad está literalmente atada a los pastos, a los suelos que pisan. Pero esos mismos pastizales que ocupan el 54% de la tierra mundial ya están degradados en un 50%. Es como si eligieran el lugar donde el problema es más visible, más personal.
Los números son enormes: 780.000 millones de euros anuales. ¿Qué significa eso en términos reales?
Significa que cada sequía que interrumpe un río, cada incendio que arrasa un bosque, cada cosecha que falla, tiene un precio que alguien paga. Las empresas pierden rentabilidad. Los gobiernos pierden ingresos fiscales. Las personas pierden empleos, hogares, a veces vidas. Es dinero que desaparece de la economía real.
¿Por qué el sector privado está ahora en la mesa?
Porque finalmente ven que sus negocios dependen de tierras sanas. La moda necesita fibras. La minería necesita suelo estable. La energía necesita agua. Cuando la tierra se degrada, ellos pierden dinero. Es un cambio de perspectiva: no es altruismo, es supervivencia empresarial.
Pero Estados Unidos está excluyendo temas de género y sociedad civil de la agenda. ¿Eso qué significa?
Significa que hay gobiernos que aún no quieren reconocer la magnitud del problema o que prefieren soluciones que no cuestionen sus modelos económicos. Es una negociación donde algunos actores llegan con la intención de bloquear, no de avanzar.
¿Hay algo que te dé esperanza en todo esto?
Que después de décadas de ignorar el problema, ahora se habla de cifras concretas, de fondos catalíticos, de observatorios de resiliencia. Que España y Senegal ya crearon una alianza. Que el sector privado está en la mesa. No es suficiente, pero es movimiento. Y el lema de la cumbre lo dice: restaurando tierra, restaurando esperanza.
O Pulso
- El 40% de la superficie terrestre está degradada; el 75% se ha vuelto más seco en tres décadas
- La degradación de suelos cuesta 780.000 millones de euros anuales a la economía mundial
- Los pastizales almacenan el 30% del carbono mundial pero acumulan 50% de degradación de sus suelos
- Más de 25.000 delegados de 196 países se reúnen en Ulán Bator hasta el 28 de agosto
- Se espera movilizar hasta 345 millones de euros a través del primer fondo catalítico para resiliencia a la sequía
El 40% de la superficie terrestre está degradada y el 75% se ha vuelto más seco en tres décadas, amenazando seguridad alimentaria y energética global. Los pastizales, que almacenan 30% del carbono mundial, acumulan 50% de degradación; el sector privado comienza a reconocer pérdidas de rentabilidad por menor rendimiento.
La COP17 de la ONU contra la desertificación en Mongolia aborda la degradación de tierras que cuesta 780.000 millones anuales, con urgencia de restaurar suelos mientras se debe producir 50% más alimentos para 2050.
En Ulán Bator, la capital de Mongolia, se reúnen esta semana más de 25.000 delegados de 196 países y la Unión Europea para enfrentar una crisis que literalmente pisamos cada día. La 17ª Conferencia de las Partes de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación busca acelerar la restauración de tierras degradadas mientras el planeta enfrenta un desafío demográfico brutal: producir un 50% más de alimentos de aquí a 2050 para alimentar a una población en crecimiento.
Los números que enmarcan esta cumbre son sobrecogentes. El 40% de la superficie terrestre ya está degradada. En las últimas tres décadas, el 75% de las tierras se han vuelto más secas que en el período anterior, y las sequías han aumentado un 29% desde el año 2000. La factura económica es colosal: la degradación de suelos y la sequía cuestan casi 780.000 millones de euros anuales a la economía mundial. Estos no son números abstractos. Significan que los ríos se secan, interrumpiendo el transporte fluvial. Significan que las plantas hidroeléctricas pierden capacidad de generación. Significan que los campos producen menos, que los incendios forestales arrasan vidas, que las ciudades se quedan sin agua.
Mongolia, un país de tradición nómada cuya historia está tejida en el ritmo de los pastos, fue elegida como anfitriona de esta edición porque los pastizales son el corazón del problema y la solución. Estos ecosistemas ocupan el 54% de la superficie terrestre y almacenan hasta el 30% del carbono mundial, pero ya acumulan una degradación del 50% de sus suelos. La secretaria ejecutiva de la UNCCD, Yasmine Fouad, fue directa en su apertura: este verano hemos visto en diferentes partes del mundo, incluyendo Europa, cómo la sequía interrumpe sistemas enteros. Historias similares se repiten en distintas partes del planeta, y nunca imaginamos que llegaríamos a este punto.
Lo que está en juego va más allá de la agricultura. La tierra degradada afecta la producción de fibras para la ropa, ingredientes para medicamentos, materiales de construcción, minería. Cuando el suelo pierde fertilidad y resistencia, se debilita su composición y genera más sequías, incendios e inundaciones, un ciclo que se acelera con el cambio climático. Las consecuencias humanas son masivas: pérdida de vidas, enfermedades, destrucción de empleos, migraciones forzadas del campo a las ciudades, conflictos geopolíticos por recursos. Según datos de la UNCCD, en las últimas seis décadas más del 40% de los conflictos intraestatales han estado vinculados a disputas por recursos naturales, particularmente tierra y agua.
La cumbre espera desbloquear inversiones públicas y privadas significativas para restauración de tierras, además de alcanzar un gran acuerdo vinculante contra la sequía que quedó pospuesto en la COP16 de Riad en 2024. El primer ministro mongol, Nyam-Osor Uchral, fue claro sobre lo que se necesita: pasar de las palabras a la acción, incrementar la inversión en restauración y llevar la cooperación entre gobiernos, instituciones financieras internacionales y el sector privado a un nuevo nivel. El sector privado tiene un papel cada vez más relevante porque las empresas están descubriendo que sus negocios pierden rentabilidad cuando el rendimiento de las tierras cae. El viceministro de Medio Ambiente de Arabia Saudí, Osama Faqeeha, señaló que el sector privado debe ser parte de la solución porque la seguridad alimentaria, los materiales de construcción, la minería y la industria de la moda dependen todos de la tierra. El logro importante no es solo la cantidad de dinero, sino el comienzo de un cambio de actitud de la comunidad empresarial.
La degradación actual es resultado de décadas de sobreexplotación: pesticidas, contaminantes, residuos, mal manejo. La solución requiere aplicar métodos respetuosos con el medio ambiente como la agricultura regenerativa e intervenciones con cobertura vegetal. España ha tomado un papel destacado en este ámbito tras crear en 2022 junto a Senegal la Alianza Internacional para la Resiliencia a la Sequía durante la COP27 en Egipto. En esta cumbre se lanza oficialmente la segunda fase del Observatorio Internacional de Resiliencia a la Sequía, que difundirá el primer índice de resiliencia a la sequía, proporcionando información medible para que los gobiernos gestionen riesgos y prevengan impactos. También se abre el DRIF, el primer fondo catalítico que usará dinero público para atraer inversiones privadas en resiliencia a la sequía, esperando movilizar hasta 345 millones de euros.
Las negociaciones se prevén complejas. Estados Unidos y otros gobiernos con mandatarios que niegan el colapso ambiental provocado por los humanos esbozarán un escenario de difícil diálogo. EE.UU. ya ha excluido de la agenda oficial puntos sobre perspectiva de género, participación de la sociedad civil e inclusión de sinergias entre tierras, biodiversidad y cambio climático. Fouad hizo un llamamiento a la unidad: en un momento en que el multilateralismo está siendo puesto a prueba, esta cumbre es una oportunidad para demostrar que los países pueden trabajar juntos. El lema de la COP17 es simple y esperanzador: restaurando tierra, restaurando esperanza.
Citações Notáveis
Este verano vemos en diferentes partes del mundo, incluyendo Europa, cómo la sequía ha interrumpido el transporte fluvial, ha afectado a la producción de energía, ha reducido el rendimiento agrícola y ha provocado incendios forestales con pérdida de vidas— Yasmine Fouad, secretaria ejecutiva de la UNCCD
El sector privado debe formar parte de la solución porque la seguridad alimentaria, los materiales de construcción, la minería y la industria de la moda dependen todos de la tierra— Osama Faqeeha, viceministro de Medio Ambiente de Arabia Saudí