En la mañana en que recibió el Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales, el historiador Timothy Garton Ash ofreció desde Oxford un diagnóstico sin concesiones: la democracia liberal atraviesa su momento más vulnerable en décadas, acosada desde dentro por la desigualdad y la fragmentación digital, y desde fuera por Rusia, China y una América que ya no actúa como su garante. Europa, que alberga más de un tercio de los países libres del mundo, carga con la responsabilidad histórica de sostener ese orden cuando nadie más parece dispuesto a hacerlo.
Garton Ash: la salvación de la democracia liberal depende de Europa
El poder odia la libertad de expresión. Todos los poderes.
¿Cómo es posible que Garton Ash diga que el estado del mundo es "muy malo" y sin embargo siga creyendo que Europa puede salvarlo?
Porque distingue entre el diagnóstico y la responsabilidad. El mundo está mal, pero Europa tiene los recursos, las instituciones y la tradición democrática para liderar. No es optimismo ingenuo, es realismo sobre dónde está el poder.
Pero espera. Dice que Europa alberga treinta y cuatro de ochenta y tres países libres. Eso es menos del cuarenta por ciento. ¿Cómo lidera alguien que representa menos de la mitad?
Porque esos treinta y cuatro países tienen instituciones consolidadas, economías fuertes, y la UE como marco común. Es liderazgo de ejemplo, no de número.
¿Y qué pasa con esas amenazas simultáneas que menciona? ¿Rusia, Estados Unidos, China atacando al mismo tiempo?
Es el punto central. Las democracias europeas nunca habían estado bajo presión de tantos flancos a la vez. Antes era una amenaza a la vez. Ahora es todo junto.
Pero aquí hay un problema sin resolver. Dice que la UE solo funciona con consenso, y luego admite que no hay consenso en Gaza o Líbano. ¿Cómo lidera una institución que está paralizada en conflictos clave?
Esa es la tensión que Garton Ash no resuelve completamente. La UE es fuerte donde hay acuerdo, débil donde no lo hay. Y los conflictos que dividen a Europa son precisamente los que más importan geopolíticamente.
¿Y las redes sociales? ¿Eso es un problema europeo o global?
Global, pero Garton Ash lo ve como una amenaza específica a la democracia liberal europea porque destruye la esfera pública que la sostiene. Sin ese espacio común de debate, la democracia se fragmenta.
Aunque hay que notar que no ofrece soluciones concretas. Diagnostica el problema de las plataformas estadounidenses, pero ¿qué puede hacer Europa realmente al respecto?
Il Polso
- La democracia liberal enfrenta una tormenta sin precedentes: ataques militares de Rusia, presión política de Estados Unidos y ofensiva económica de China ocurren de forma simultánea, sin que las instituciones occidentales hayan sido diseñadas para resistir ese triple embate.
- Desde adentro, las propias democracias se han debilitado: la desigualdad extrema, el colapso del acceso a la vivienda para los jóvenes y la destrucción de la esfera pública por las plataformas tecnológicas erosionan la legitimidad del sistema que se pretende defender.
- La fragmentación digital es, para Garton Ash, la amenaza más silenciosa y profunda: los espacios donde ciudadanos con opiniones distintas podían debatir y llegar a acuerdos se desmoronan, reemplazados por polarización y burbujas que hacen imposible el disenso civilizado.
- Europa tiene los recursos morales y políticos para liderar la respuesta, pero su eficacia depende de consensos frágiles: funcionó con Ucrania, fracasó con Gaza, y el debate sobre 'europeizar' la OTAN aún no encuentra forma institucional clara.
- El galardón llega como reconocimiento a décadas de pensamiento en voz alta sobre Occidente, pero Garton Ash lo recibe sin triunfalismo: el estado del mundo, dijo con ironía soviética, es malo; en dos palabras, muy malo.
En la mañana en que recibió el Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales, el historiador Timothy Garton Ash ofreció desde Oxford un diagnóstico sin concesiones: la democracia liberal atraviesa su momento más vulnerable en décadas, acosada desde dentro por la desigualdad y la fragmentación digital, y desde fuera por Rusia, China y una América que ya no actúa como su garante. Europa, que alberga más de un tercio de los países libres del mundo, carga con la responsabilidad histórica de sostener ese orden cuando nadie más parece dispuesto a hacerlo.
Timothy Garton Ash pasó la mañana del 26 de mayo atendiendo llamadas desde Oxford. El historiador y columnista acababa de conocer que le habían concedido el Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales, y entre felicitaciones encontró tiempo para hablar sin notas ni preparación. A los setenta años, sus respuestas llegaban como ráfagas certeras.
Cuando se le preguntó por el estado del mundo, recurrió a una vieja broma soviética: en una palabra, malo; en dos, muy malo. No era pesimismo retórico. Garton Ash lleva años advirtiendo que la responsabilidad de salvar la democracia liberal recae fundamentalmente en Europa, continente que alberga treinta y cuatro de los ochenta y tres países considerados libres según Freedom House. Como había dicho el primer ministro canadiense Marc Carney: el orden liberal empieza en Europa.
Las amenazas son de dos tipos. Las que las propias democracias se han infligido —desigualdad extrema, crisis de vivienda, destrucción de la esfera pública por los gigantes tecnológicos— y las que llegan de fuera: Rusia ataca militarmente, Estados Unidos políticamente, China económicamente, y todo ocurre al mismo tiempo.
Sobre la UE, Garton Ash fue claro pero sin ingenuidad. Defendió que Europa es mucho más que la Unión, aunque esta sea su núcleo político. Por eso le pareció absurda la postura de Keir Starmer de querer al Reino Unido en el corazón de Europa sin contemplar el reingreso: no se puede estar en ese corazón sin pertenecer a ella. En materia de defensa, lo urgente es europeizar la OTAN, un esfuerzo que requiere también a países no comunitarios como el Reino Unido o Noruega. La UE solo es eficaz cuando hay consenso amplio: lo hubo con Ucrania, no lo hubo con Gaza. Su respuesta ante esa tragedia fue, dijo sin rodeos, patética.
La amenaza más honda, sin embargo, es la que afecta a la libertad de expresión. Las plataformas digitales están destruyendo los espacios donde ciudadanos con opiniones distintas podían debatir y disentir de forma civilizada. Lo que queda es fragmentación y polarización simultáneas: lo peor de ambos mundos. Esa maldición, concluyó, está en todas partes.
Timothy Garton Ash pasó la mañana del 26 de mayo respondiendo llamadas telefónicas desde su casa en Oxford. El historiador y columnista de El País acababa de recibir la noticia de que le habían concedido el Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales, uno de los galardones más prestigiosos de Europa. Entre felicitaciones de medios de comunicación, encontró tiempo para hablar con este periódico, y no necesitó notas ni preparación previa. A los setenta años, Garton Ash lleva décadas pensando en voz alta sobre los dilemas que enfrenta Occidente, y sus respuestas llegaban como ráfagas certeras.
Cuando se le preguntó por el estado actual del mundo, Garton Ash recurrió a una vieja broma soviética. En una palabra, respondió: malo. En dos: muy malo. No era pesimismo performativo. El historiador ha pasado años advirtiendo sobre el resurgimiento del autoritarismo global y el debilitamiento de las democracias liberales, pero también sobre algo más específico: que la responsabilidad de salvar ese sistema político recae fundamentalmente en Europa. Según el último informe de Freedom House, el centro de pensamiento que desde 1973 mide el estado de los derechos y libertades en el mundo, treinta y cuatro de los ochenta y tres países que disfrutan de libertad están en Europa. El primer ministro canadiense Marc Carney lo había dicho recientemente de otra forma: el orden liberal empieza en Europa.
Las amenazas que enfrenta ese orden son de dos tipos, explicó Garton Ash. Algunas las democracias se han infligido a sí mismas: la desigualdad extrema, la destrucción de la esfera pública de debate por parte de los gigantes tecnológicos estadounidenses, las cicatrices aún abiertas de la crisis financiera de 2008, la incapacidad de muchos jóvenes europeos para acceder a una vivienda asequible. Pero hay otras que vienen de fuera. Rusia ataca militarmente. Estados Unidos ataca políticamente. China ataca económicamente. Y ocurre todo al mismo tiempo. Las democracias europeas nunca habían enfrentado tal cantidad de amenazas externas simultáneamente.
Sobre la Unión Europea, Garton Ash fue claro pero matizado. Es defensor declarado de la institución, pero sin ingenuidad. Primero aclaró que Europa es algo mucho más grande que la UE, aunque esta sea su comunidad política central. Por eso le pareció absurda la declaración del primer ministro británico Keir Starmer cuando dijo que quería situar al Reino Unido en el corazón de Europa sin mencionar jamás la posibilidad de volver a ingresar en la Unión. No se puede estar en el corazón de Europa sin pertenecer a ella, sentenció.
Pero cuando se trata de la defensa europea, que es el asunto clave del momento, la UE juega un papel importante pero no es el centro del esfuerzo. Lo que se necesita es europeizar la OTAN, organizarse en serio. Eso requiere la participación de países como el Reino Unido y Noruega, aunque no sean miembros de la UE. Aquí Garton Ash tocó una de las limitaciones estructurales de la Unión: solo puede ser eficaz cuando existe un amplio consenso entre sus estados miembros. Con Ucrania, especialmente ahora que Viktor Orbán ya no es primer ministro de Hungría, ese consenso existe. Pero con Gaza o Líbano, como bien saben en España, no ha sido así. La respuesta de la UE a la guerra de Ucrania fue buena. Su respuesta ante la tragedia de Gaza fue patética, dijo sin rodeos.
La amenaza más profunda, sin embargo, es la que afecta a la libertad de expresión misma. Garton Ash ha defendido durante décadas que esta es consustancial a las democracias liberales, y ahora ve cómo se erosiona de manera dramática. El poder siempre ha odiado la libertad de expresión, todos los poderes, pero hoy la amenaza viene principalmente de las plataformas tecnológicas estadounidenses y las redes sociales. Estamos perdiendo la esfera pública que toda democracia necesita: espacios como las radiotelevisiones públicas o diarios importantes donde conviven opiniones diversas, argumentos contrastados, donde los ciudadanos pueden escuchar puntos de vista diferentes y estar en desacuerdo de manera civilizada hasta llegar a alguna posición común. Eso se desmorona. Lo que queda es fragmentación y polarización simultáneamente, lo peor de ambos mundos, dijo. Las plataformas digitales son una parte muy importante de la maldición de nuestro tiempo, y esa maldición está en todas partes.
Citazioni salienti
La salvación de la democracia liberal depende fundamentalmente de nosotros los europeos— Timothy Garton Ash
Las plataformas tecnológicas estadounidenses y las redes sociales son una parte muy importante de la maldición de nuestro tiempo— Timothy Garton Ash