Christine Lagarde, al frente del Banco Central Europeo durante siete años de crisis encadenadas, deja su futuro en suspenso mientras se acerca el momento de decidir qué sigue. Su mandato, que comenzó con una frase desafortunada en plena pandemia y se tensó después con la inflación y la guerra en Ucrania, recuerda que la moneda también es un relato sobre la prudencia y los errores de quienes la gobiernan. Lo que viene ahora, entre unas memorias previstas para 2027 y posibles destinos en Davos o en la política francesa, sigue abierto, como suelen estarlo las decisiones de quienes han tenido que
Lagarde, la presidenta del BCE que deja el cargo con un mensaje críptico sobre su futuro
No puedo ser neutral: Lagarde deja todas las puertas abiertas
¿Por qué importa tanto el broche del búho?
Porque ella misma lo explica como rechazo a las etiquetas. En un mundo de halcones y palomas, se presenta como alguien guiado por los hechos.
Su mandato empezó con un error público, ¿no?
Sí, el 12 de marzo de 2020. Dijo que el BCE no estaba para estrechar diferenciales y los mercados entraron en pánico. Horas después se corrigió en CNBC.
Conviene separar lo documentado de lo atribuido. La frase y la corrección constan en la transcripción. Que desde entonces no le haya vuelto a pasar es una valoración de fuentes financieras anónimas.
¿Y la subida de tipos tardía?
El BCE subió en julio de 2022 pensando que la inflación sería pasajera. Los precios superaron el 10% y el banco subió del -0,5% al 4% en 14 meses.
Esas cifras son hechos. Calificarlo de gran borrón es juicio del propio artículo.
¿Qué hará ahora?
Ha dicho que quiere libertad de palabra y no poder ser neutral. Se habla de Davos y de la política francesa.
Eso son informaciones de fuentes sin identificar y rumores. Ella no ha aclarado nada, y su salida anticipada no está confirmada.
O Pulso
- La presidenta del BCE podría dejar su cargo antes de tiempo, y el mercado y la política europea siguen sin saber cuándo ni cómo.
- Una frase pronunciada en marzo de 2020 sobre las primas de riesgo provocó pánico en los mercados y obligó a una rectificación inmediata.
- El banco tardó en subir los tipos mientras los precios se disparaban tras la invasión de Ucrania, y luego tuvo que hacerlo a una velocidad inusual.
- Las memorias de 2027 y los rumores sobre el Foro Económico Mundial o un regreso a Francia dibujan una salida que todavía no tiene destino confirmado.
Christine Lagarde, al frente del Banco Central Europeo durante siete años de crisis encadenadas, deja su futuro en suspenso mientras se acerca el momento de decidir qué sigue. Su mandato, que comenzó con una frase desafortunada en plena pandemia y se tensó después con la inflación y la guerra en Ucrania, recuerda que la moneda también es un relato sobre la prudencia y los errores de quienes la gobiernan. Lo que viene ahora, entre unas memorias previstas para 2027 y posibles destinos en Davos o en la política francesa, sigue abierto, como suelen estarlo las decisiones de quienes han tenido que equilibrar intereses opuestos.
Christine Lagarde suele hablar también con la ropa. Sus pañuelos se leen como mensajes, y en las ruedas de prensa más tensas aparece con un broche de búho, símbolo de Atenea y de su negativa a encajar en el bando de los halcones o de las palomas. Quienes se han sentado con ella a decidir la describen como una persona que escucha, busca consenso y sabe conducir el debate hasta que los demás terminan pensando lo que ella quería.
Su camino fue inusual para el mundo de las altas finanzas: abogada en Chicago, primera presidenta de una gran firma, ministra de Economía en Francia en plena crisis, directora del FMI tras el escándalo que apartó a Strauss-Kahn y, contra todo pronóstico, presidenta del BCE. Nunca pasó por la élite administrativa francesa, algo que la distingue de casi todos sus pares.
El mandato comenzó con un tropiezo. En marzo de 2020, con la pandemia extendiéndose, dijo que el banco no estaba allí para estrechar diferenciales, y los mercados lo leyeron como una renuncia a proteger a países como Italia. Horas después lo corrigió en televisión. Aquella lección marcó su estilo: no volvió a repetir un error de ese tipo.
Lo que vino después fue más duro. La inflación se disparó tras la invasión de Ucrania y el banco tardó en reaccionar, convencido de que sería pasajera. Cuando subió los tipos, lo hizo con una rapidez poco habitual. Es el segundo gran borrón de sus años al frente del BCE, y la historia se lo recordará junto a los logros de sostener la eurozona en medio de crisis sucesivas.
Ahora se va sin un momento de gloria comparable al célebre compromiso de Draghi, pero tras administrar una incertidumbre que pocos predecesores conocieron. Su salida anticipada no está confirmada. Se habla de sus memorias, que llegarán a comienzos de 2027, de un posible puesto en el Foro Económico Mundial y de un eventual regreso a la política francesa. Ella explicó que busca libertad para hablar de otros asuntos más allá de la política monetaria, porque en el banco debe mantenerse neutral. Como resumió un economista, sigue siendo inescrutable.
A Christine Lagarde le gusta hablar con la ropa. Elige con cuidado sus pañuelos, en los que algunos creen leer sus intenciones, y en los momentos más delicados se presenta a la rueda de prensa del BCE con un broche de búho. En un oficio dividido entre halcones, poco tolerantes con la inflación y rápidos para subir tipos, y palomas, más atentas al daño del dinero caro, ella eligió otra ave. Lo explicó al diario La Croix, en su última entrevista como presidenta: es el símbolo de Atenea, pero sobre todo su manera de rechazar etiquetas. Dijo que no toma partido, que se guía por los hechos y que está dispuesta a adaptarse.
Economistas que se han sentado con ella a la mesa de decisiones consideran que la imagen le va bien. Una de ellas la describe como alguien muy inteligente que escucha a todos, deja hablar y busca consenso, pero sabe conducir el debate: tras conversar con ella, dice, uno acaba pensando lo que ella quería.
Su trayectoria tiene pocos equivalentes, y casi ninguno entre mujeres, en el mundo de las altas finanzas. París, 70 años, nacida Christine Madeleine Odette Lallouette, fue en su adolescencia miembro del equipo nacional de natación sincronizada. Se graduó en Derecho en la Universidad de París X (Nanterre) y a los 25 años entró en el despacho Baker-McKenzie, en Chicago. En seis años era socia y en 1999 se convirtió en la primera presidenta de la firma. Entre 2005 y 2011 fue ministra en Francia con Chirac y De Villepin, y después con Sarkozy y Fillon, y acabó en la cartera económica, en plena quiebra de Lehman Brothers y las primeras fases de la crisis del euro. De esa etapa arrastra una condena por negligencia en el caso Tapie. En 2011 sustituyó a Dominique Strauss-Kahn, acusado de agresión sexual por una empleada de hotel, al frente del FMI. Ocho años después, contra pronóstico, relevó a Mario Draghi en el BCE. Hija de profesores, no es énarque: no pasó por la École Nationale d'Administration, a diferencia de Macron, Chirac o Trichet.
Su mandato no fue sencillo y empezó con un tropiezo. El 12 de marzo de 2020, con la pandemia arrasando Europa y días antes de los confinamientos, el BCE anunció medidas extraordinarias. Preguntada por el apoyo a países cuyas primas de riesgo subían, como Italia, respondió que no estaban allí para estrechar diferenciales. La frase provocó pánico en los mercados, que entendieron que el banco dejaba el campo libre a la especulación. Horas después, en una entrevista en CNBC, Lagarde la corrigió, y esa respuesta figura como nota al pie en la transcripción de la rueda de prensa. Fuentes financieras lo llaman aprendizaje por las bravas: ese día comprendió el peso de sus palabras y no ha vuelto a ocurrir.
Lo que vino después tampoco fue fácil. La pandemia obligó a desplegar un arsenal financiero enorme que luego hubo que recoger, y la inflación, cuyo objetivo es el 2%, cerró 2020 por debajo del 0%. En el verano de 2021 Putin empezó a cerrar el grifo del gas, con los precios energéticos disparados meses antes de la invasión de Ucrania, a finales de febrero de 2022. El BCE no subió tipos hasta julio, convencido de que el repunte sería pasajero. Los precios llegaron a crecer a más del 10% y no bajaron del 5% hasta después del verano de 2023. Para compensar la demora, el banco subió los tipos a una velocidad insólita, del -0,5% al 4% en 14 meses. Es el segundo gran borrón de sus siete años.
No se va con un momento cumbre como el whatever it takes de Draghi en 2012, pero sí tras gestionar una incertidumbre que ningún predecesor conoció. En el último año y medio sumó la guerra comercial de Donald Trump, el shock petrolero por el ataque de EE UU e Israel contra Irán y el castigo de los mercados a Francia, cuya prima de riesgo se ha disparado por un bloqueo político que amenaza con ensanchar el déficit.
Su futuro sigue abierto. Su salida anticipada no está confirmada, pero la posibilidad creció cuando se supo que publicará memorias a comienzos de 2027, un libro sobre cómo una niña puede llegar lejos sin la familia, el dinero ni los colegios adecuados, dedicado a sus nietas y a las chicas que quieren progresar. Varias fuentes la sitúan al frente del World Economic Forum, el organizador de Davos, y también han circulado rumores de un regreso a la política francesa, como Draghi, que fue primer ministro de Italia año y medio. Una fuente financiera la ve en un gobierno de concentración, pero no haciendo campaña por los pueblos; añade que, para el electorado francés de izquierda o derecha, es el ejemplo de las élites parisinas. Ella misma dijo que se va porque quiere libertad de palabra y poder tratar asuntos distintos de la política monetaria, pues en el BCE debe ser neutral, el precio de la independencia. Un economista lo resume: es inescrutable.
Citações Notáveis
Me voy porque quiero libertad en mis palabras; en el BCE tengo obligación de neutralidad, el precio de la independencia.— Christine Lagarde
Es inescrutable.— Un economista que la conoce