FOIN, Serena y Tzawata protegen 17.000 hectáreas de minería mediante resistencia colectiva, incluyendo Yuturi Warmi, una guardia indígena de 35 mujeres. La minería ilegal ha contaminado tierras y ríos en tres años, enfermando a poblaciones locales a pesar de suspensiones gubernamentales y operaciones militares.
FOSPA: pueblos indígenas amazónicos se unen contra la minería extractiva
En solo tres años, todo cambió. La minería ha envenenado la tierra.
¿Por qué Serena logró mantener la minería fuera cuando otras comunidades no pudieron?
Porque se organizaron colectivamente. Siete comunidades juntas protegen 17.000 hectáreas. Eso es poder territorial real, no solo discurso. Y crearon Yuturi Warmi, una guardia de mujeres que vigila constantemente. No es que el gobierno las proteja; ellas se protegen a sí mismas.
Pero el gobierno suspendió la minería en febrero. ¿Eso no debería haber resuelto el problema?
Una suspensión no es una protección. Es una pausa que puede levantarse. Las comunidades lo saben. Por eso exigen que se traduzca en protección permanente y legal. Además, la minería ilegal continúa a pesar de la suspensión y de que el ejército destruyó dragas en junio.
¿Qué significa que la Amazonía esté en "punto de no retorno"?
Que ya hemos perdido el 18 por ciento de la selva por deforestación y otro 38 por ciento está degradado. Si continúa así, el ecosistema colapsa de manera irreversible. No es una amenaza futura; es lo que está ocurriendo ahora.
¿Por qué el FOSPA enfatiza la justicia climática en relación con la minería?
Porque expone una hipocresía. El mundo abandona los combustibles fósiles pero necesita minerales para baterías y paneles solares. ¿De dónde los extrae? De territorios indígenas amazónicos. Es trasladar la destrucción a quienes menos la causaron pero más la necesitan para vivir.
¿Qué pide realmente el mandato regional del FOSPA?
Reconocimiento legal de territorios indígenas, consentimiento previo informado que sea real, no un trámite para legitimar proyectos. Y financiamiento climático que llegue directamente a las organizaciones indígenas, no a gobiernos que las ignoran. También protección de pueblos en aislamiento y fin de la criminalización de defensores territoriales.
¿Cuál es el siguiente paso?
COICA coordinará el seguimiento del mandato. Pero el verdadero siguiente paso depende de si los gobiernos y la comunidad internacional escuchan. Serena, Tzawata y FOIN ya hicieron su parte: demostraron que la resistencia territorial es posible y que existen alternativas al extractivismo.
The Pulse
- Serena, Tzawata y seis comunidades más protegen 17.000 hectáreas contra la minería
- Yuturi Warmi, guardia indígena de 35 mujeres, vigila el territorio de Serena
- La deforestación ha afectado el 18% de la Amazonía; la degradación otro 38%
- El gobierno suspendió minería en febrero de 2026; el ejército destruyó dragas en junio, pero la minería ilegal continúa
- XII FOSPA (16-21 agosto 2026) reúne pueblos indígenas de nueve países amazónicos
FOIN, Serena y Tzawata protegen 17.000 hectáreas de minería mediante resistencia colectiva, incluyendo Yuturi Warmi, una guardia indígena de 35 mujeres. La minería ilegal ha contaminado tierras y ríos en tres años, enfermando a poblaciones locales a pesar de suspensiones gubernamentales y operaciones militares.
Comunidades indígenas de la Amazonía ecuatoriana se organizan contra la minería ilegal durante el XII Foro Social Panamazónico, exigiendo protección territorial y justicia climática frente al extractivismo.
En el río Jatunyaku, a principios de agosto, representantes de comunidades indígenas desplegaron dos pancartas simples pero contundentes: "El agua es vida" y "Ama el Amazonas". No era un acto aislado. Era el lunes de la semana en que comenzaba el XII Foro Social Panamazónico en Ecuador, y lo que ocurría en ese río era parte de una movilización regional más amplia contra la minería extractiva que ha transformado radicalmente los territorios amazónicos en apenas tres años.
La Federación de Organizaciones Indígenas de Napo, junto con las comunidades kichwa de Serena y Tzawata, convocó a colectivos sociales de toda la provincia para defender lo que consideran indefendible: sus tierras ancestrales. El FOSPA, que se celebraba del 16 al 21 de agosto de 2026, reunía por primera vez a pueblos indígenas, comunidades afrodescendientes y organizaciones de la sociedad civil de los nueve países amazónicos bajo un lema compartido: "Adoke Öme – Un Territorio, Libre de Extractivismo". Participaban aliados internacionales de más de 25 países. Pero el acto en Napo no era un discurso de conferencia. Era una declaración de resistencia territorial.
Serena forma parte de una red de siete comunidades que protegen colectivamente al menos 17.000 hectáreas contra la invasión minera. Es uno de los pocos lugares en la provincia donde las compañías extractivas no han logrado establecerse, un logro que costó la creación de Yuturi Warmi, una guardia indígena compuesta por 35 mujeres que desde su fundación vigilan el acceso al territorio. María José Andrade Cerda, integrante de esa guardia, fue clara sobre lo que enfrentan: "Nos estamos organizando contra el ataque sistemático de la minería ilegal. Desde que llegaron los mineros, hemos perdido la paz". Su compañera Nashly Tanguila describió la velocidad del colapso: en solo tres años, la minería ha envenenado la tierra, dejando solo peces contaminados que enferman a quienes los consumen.
El gobierno ecuatoriano había ordenado en febrero de 2026 la suspensión de actividades mineras en la provincia. En junio, las Fuerzas Armadas intervinieron en el río Jatunyacu, destruyendo ocho dragas y tres campamentos dentro de la Reserva Biológica Colonso Chalupas. Pero la minería ilegal continúa. Las órdenes de suspensión no se han traducido en protección efectiva. Los activistas y comunidades que se reunieron en el FOSPA exigieron que esa suspensión se convirtiera en una protección permanente y vinculante.
Lo que sucede en Napo refleja una crisis más profunda. Según el Panel Científico para la Amazonía, la deforestación acumulada ya ha afectado casi el 18 por ciento de la selva amazónica, mientras que la degradación ha alcanzado otro 38 por ciento. Juntas, estas presiones aumentan el riesgo de un colapso ecológico y social irreversible en la región y más allá. Leo Cerda, activista kichwa de Napo, expresó la intención de las comunidades de manera clara: "No buscamos conquistar, sino conectar, para que el mundo finalmente escuche las voces de la Amazonía".
Lo que hace particular esta movilización es que expone una contradicción fundamental en la transición climática global. Mientras gobiernos e industrias abandonan los combustibles fósiles, la presión para extraer oro y los llamados minerales críticos recae precisamente sobre las cabeceras amazónicas y territorios indígenas que son esenciales para estabilizar el clima regional y global. Una transición justa no puede simplemente trasladar la extracción a las tierras de quienes menos responsables son de la crisis climática y más necesarios para resolverla. Vivian Idrovo, coordinadora de la Alianza por los Derechos Humanos Ecuador, fue directa: el gobierno ecuatoriano impulsa una estrategia de despojo mediante el incumplimiento sistemático de sus obligaciones de proteger los territorios ancestrales, el agua y la naturaleza.
El FOSPA adoptó un mandato regional que declara la Amazonía en estado de emergencia. Exige a estados, empresas e instituciones financieras garantizar el reconocimiento jurídico y la protección de territorios indígenas, respetar el consentimiento libre, previo e informado de los pueblos, y asegurar que la financiación climática llegue directamente a las organizaciones indígenas. También reconoce las economías territoriales indígenas, incluyendo sistemas agrícolas tradicionales, como alternativas viables al extractivismo. El seguimiento se coordinará a través de COICA, la Coordinadora de Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica, reforzando un principio que resonó en el río Jatunyaku: las decisiones sobre los territorios amazónicos deben recaer en los pueblos que los han protegido durante generaciones.
Notable Quotes
Nos estamos organizando contra el ataque sistemático de la minería ilegal. Desde que llegaron los mineros, hemos perdido la paz.— María José Andrade Cerda, Yuturi Warmi
No buscamos conquistar, sino conectar, para que el mundo finalmente escuche las voces de la Amazonía.— Leo Cerda, activista kichwa de Napo