En poco más de treinta días, la fortuna de Elon Musk se contrajo en más de 600.000 millones de dólares, pasando de un pico histórico de 1,33 billones a 684.000 millones, una pérdida que por sí sola superaría la riqueza de casi cualquier otro ser humano en el planeta. El descenso no es el resultado de un solo tropiezo, sino de dos empresas emblemáticas —SpaceX y Tesla— enfrentando, cada una a su manera, el peso de las expectativas que ellas mismas construyeron. El éxito técnico y la ambición visionaria, al parecer, no siempre se traducen en certeza financiera.