En los puertos del mundo, una nueva tensión toma forma: los buques diseñados para transportar automóviles ya no alcanzan para contener el torrente exportador de China. Las tarifas de fletamento han escalado un 65 por ciento en pocos meses, señal de que la demanda ha superado con creces la capacidad de una flota que no creció al ritmo de la ambición comercial china. Lo que ocurre en estos barcos especializados es, en realidad, un espejo del reordenamiento más profundo del comercio global: cuando una nación se convierte en potencia exportadora, sus vehículos necesitan llegar al mundo, y el mundo