En un momento en que la línea entre información pública y propaganda política se ha vuelto cada vez más difusa, Colombia anuncia una reconfiguración profunda de su sistema de medios estatales. El sábado 15 de agosto, el gobierno ordenó desmantelar la franja noticiosa de Inravisión —que absorbía el 90% de sus recursos— y reorientar la entidad hacia la cultura, el arte y la educación. Detrás del giro programático se abre una auditoría de más de mil contratos que plantea preguntas urgentes sobre cómo se administró el dinero público en los meses previos al cambio.