En algún punto entre la ciencia y la filosofía, dos investigadores se preguntaron si la Tierra ya vivió antes lo que está viviendo ahora. La hipótesis silúrica, formulada por los astrobiólogos Adam Frank y Gavin Schmidt, no afirma que existió una civilización anterior, sino que interroga los límites de nuestra memoria geológica y, con ello, el destino posible de cualquier civilización que consume energía a escala planetaria. Es menos una teoría sobre el pasado que una advertencia sobre el futuro: las civilizaciones tecnológicas podrían llevar en su propia naturaleza las semillas de su colapso.