Desde los laboratorios del Weizmann Institute of Science llega una señal inesperada: el sildenafil, un fármaco que el mundo conoce por una función, podría guardar en su mecanismo molecular una segunda vocación —la de interferir con la propagación del cáncer. Al bloquear el transporte de colesterol que las células tumorales necesitan para migrar, este compuesto abre una pregunta que la ciencia aún no puede responder con certeza, pero que ya no puede ignorar. La cautela es obligatoria, los ensayos clínicos son el próximo horizonte, y la biología del cáncer, una vez más, revela su asombrosa compl