Durante generaciones, los brazos diminutos del Tiranosaurio Rex parecieron una contradicción inscrita en la piedra: un gigante invencible con extremidades que parecían casi decorativas. Investigadores de la University College London y la Universidad de Cambridge han disuelto esa paradoja, demostrando que esos brazos reducidos no fueron un error de la naturaleza sino la firma de una estrategia evolutiva coherente, en la que el cráneo y la mordida absorbieron todo el propósito que los brazos alguna vez pudieron tener. El hallazgo nos recuerda que la evolución no comete errores, sino que redistri