En un momento en que la cultura celebra la ocupación constante como virtud, un equipo de investigadores liderado por la psicóloga Nathalie André propone que el cerebro humano no premia la actividad por sí misma, sino que evalúa con precisión si el esfuerzo producirá conocimiento o recompensa proporcional. Esta visión, anclada en la neurociencia computacional, sugiere que lo que llamamos pereza puede ser, en muchos casos, una forma de sabiduría biológica: el organismo protegiendo sus recursos para cuando realmente importen.