En julio, el Banco Central Europeo escuchó algo inusual en el ánimo de los hogares europeos: una leve pero significativa moderación en sus temores sobre la inflación futura. Las expectativas a doce meses descendieron al 2,9%, y las de tres años al 2,7%, señales pequeñas que, en el lenguaje silencioso de la confianza económica, pueden anunciar cambios más profundos. Sin embargo, la incertidumbre que rodea estas percepciones sigue siendo mayor que antes de la guerra en Oriente Próximo, y las expectativas de crecimiento salarial se han debilitado, recordándonos que la calma en los números no siem