En el sur de México, donde la frontera se ha convertido en un umbral sin salida, cerca de 800 migrantes de Cuba, Haití, Venezuela y otros países emprendieron esta semana la Caravana Sueño Sin Fronteras desde Tapachula hacia Ciudad de México. Huyen no de un solo país, sino de una trampa institucional: más de 80.000 solicitudes de asilo sin resolver, salarios de once dólares por jornadas de diez horas, y una ciudad que retiene sin ofrecer futuro. La caravana es, en su esencia, la respuesta humana a un sistema que prometió proceso y entregó parálisis.
Deportados y solicitantes de asilo avanzan en caravana hacia Ciudad de México
Miles de migrantes, incluyendo adultos mayores deportados, duermen en las calles sin acceso a alimentos, documentos o servicios básicos, enfrentando condiciones de vida precarias y explotación laboral.