En el umbral de un Superclásico histórico, la Universidad de Chile vive simultáneamente la euforia colectiva y la despedida íntima: más de veinte mil hinchas llenaron el Estadio Nacional para arropar a su equipo, mientras Lucas Assadi entrenaba apartado, cerrando silenciosamente un ciclo de formación para abrirse camino hacia el AIK Solna de Suecia. La partida del canterano recuerda que los clubes son también semilleros de destinos, y que cada transferencia es, a su manera, una forma de crecimiento compartido.