El 75% de edificios en Bogotá es vulnerable ante sismos, alerta IDIGER

Millones de bogotanos viven en edificaciones vulnerables que podrían colapsar en un terremoto de gran magnitud, poniendo en riesgo sus vidas.
Se quiebran como una galleta ante un terremoto fuerte
Descripción de cómo colapsan los edificios de mampostería simple ante sismos de gran magnitud.
Mark

¿Por qué el 75 por ciento? ¿Eso es realmente tan alto?

Mimi

Sí. La mayoría de Bogotá se construyó hace 50 o 60 años, antes de que existieran normas de sismorresistencia. Además, la construcción informal es enorme en la ciudad. Mucha gente levantó sus casas sin ingeniero, sin planos, sin considerar qué pasaría en un terremoto.

Mark

¿Y la mampostería simple? ¿Qué es exactamente?

Mimi

Es ladrillos y mortero, sin columnas de concreto que le den flexibilidad. Cuando la tierra se mueve, la estructura no puede doblarse. Se quiebra. Es lo opuesto a lo que necesitas en una zona sísmica.

Mark

Entonces, ¿alguien que vive en San Cristóbal o Ciudad Bolívar está en más peligro que alguien en el norte?

Mimi

Sí. El suelo en esos barrios amplifica las ondas sísmicas. Además, hay más construcción informal, más edificios antiguos. Es una combinación de factores que aumenta el riesgo.

Mark

¿Y los bomberos? ¿Realmente no hay suficientes?

Mimi

Hay 90 puestos vacantes de 726. Si ocurre un desastre masivo, la respuesta será lenta. No es solo un problema de sismos, es un problema de capacidad institucional.

Mark

¿Qué haría el sello de certificación?

Mimi

Permitiría que un ciudadano vea si su edificio fue evaluado y cumple estándares. Hoy no existe eso. Vives en un lugar sin saber si está preparado.

Mark

¿Cuánto tiempo tomaría implementar estas medidas?

Mimi

No se sabe. Depende de presupuesto, de decisiones políticas, de coordinación entre instituciones. Mientras tanto, la vulnerabilidad sigue ahí.

  • Un terremoto de 7,4 grados sacudió recientemente al país y recordó que Bogotá, con 708.000 edificios de mampostería frágil, podría quebrarse como una galleta ante un sismo de gran magnitud.
  • Las localidades más pobres —San Cristóbal, Ciudad Bolívar, Usme— concentran el mayor riesgo porque sus suelos de arcilla y arena saturada pueden licuarse, hundiendo las estructuras desde abajo.
  • El Cuerpo de Bomberos enfrenta 90 cargos operativos vacantes sobre 726, lo que significa que la primera línea de respuesta ante una catástrofe ya llega incompleta.
  • El concejal Juan David Quintero propone sellos visibles de certificación sísmica en edificios, sensores IoT en el alumbrado público y reforzamiento prioritario de hospitales y infraestructura crítica.
  • El Concejo de Bogotá creó una subcomisión de seguimiento al riesgo, pero las medidas requieren tiempo, presupuesto y voluntad política que aún no están garantizados.

Bogotá alberga casi un millón de inmuebles, y tres de cada cuatro fueron levantados con materiales y métodos que la ciencia sísmica moderna considera insuficientes para sobrevivir un terremoto de gran magnitud. La mayoría de esas construcciones datan de una época en que las normas sismorresistentes aún no existían, y los suelos de varias localidades populosas amplifican el peligro. La ciudad se enfrenta, como tantas metrópolis latinoamericanas, a la pregunta que la historia siempre termina por formular: ¿cuánto tiempo queda antes de que la fragilidad acumulada se vuelva tragedia?

Los datos del IDIGER son contundentes: de los 945.000 inmuebles registrados en Bogotá, aproximadamente 708.000 fueron construidos con mampostería simple o semiconfinada, sistemas rígidos que no se flexionan ante un sismo sino que se quiebran. El 74 por ciento del parque inmobiliario data de entre 1960 y 1999, antes de que Colombia adoptara normas sismorresistentes modernas. Un terremoto reciente de 7,4 grados en el país puso en evidencia lo que los técnicos ya sabían: la capital es profundamente vulnerable.

El riesgo no se distribuye de manera uniforme. En zonas con suelos de arcillas y arenas saturadas de agua, las ondas sísmicas se amplifican y el terreno puede licuarse, perdiendo su capacidad de sostener peso. San Cristóbal, Ciudad Bolívar, Usme y Rafael Uribe Uribe encabezan la lista de localidades en mayor peligro, seguidas por Bosa, Kennedy, Fontibón, Engativá y Suba. A eso se suma que el Cuerpo Oficial de Bomberos tiene 90 cargos operativos vacantes, lo que limitaría la respuesta inmediata ante una emergencia masiva.

Frente a este panorama, el concejal Juan David Quintero impulsa varias iniciativas: un sistema de sellos visibles en los edificios —similar al que ya existe para ascensores— que informe a los ciudadanos si su estructura cumple estándares de seguridad; sensores IoT integrados al alumbrado público para emitir alertas tempranas; y reforzamientos estructurales que comiencen por hospitales y edificios estratégicos. El Concejo de Bogotá anunció además la creación de una subcomisión para hacer seguimiento a la gestión del riesgo. Las propuestas existen, pero su implementación depende de recursos y decisión política que todavía están por confirmarse, mientras millones de bogotanos duermen sin saber si sus paredes resistirían el próximo temblor.

Tres de cada cuatro edificios en Bogotá están en riesgo. Eso es lo que dicen los datos del IDIGER, la institución que monitorea desastres en la capital. De los 945.000 inmuebles registrados en la ciudad, aproximadamente 708.000 fueron construidos con mampostería simple o semiconfinada, sistemas constructivos que son rígidos y frágiles. Cuando llega un terremoto fuerte, estas estructuras no se flexionan. Se quiebran, como dijo el concejal Juan David Quintero, como una galleta.

La mayoría de Bogotá se levantó hace décadas. El 74 por ciento del parque inmobiliario fue construido entre 1960 y 1999, una época anterior a las normas de sismorresistencia que rigen hoy en Colombia. Eso significa que la mayoría de las casas, apartamentos y edificios de la ciudad fueron diseñados sin considerar lo que pasaría si la tierra se moviera con fuerza. El terremoto de 7,4 grados que sacudió recientemente al país sirvió como recordatorio de lo vulnerable que es la capital.

No todos los barrios corren el mismo riesgo. El tipo de suelo importa. En zonas donde hay arcillas y arenas saturadas de agua, las ondas sísmicas se amplifican. El fenómeno se llama licuación: el terreno pierde su capacidad de sostener peso y se comporta como un líquido, provocando hundimientos que comprometen cualquier edificación. San Cristóbal, Ciudad Bolívar, Usme y Rafael Uribe Uribe están entre las localidades más vulnerables. También Bosa, Kennedy, Fontibón, Engativá y Suba enfrentan riesgos elevados por la composición del terreno y el tipo de vivienda que predomina en esas zonas.

La respuesta ante una emergencia masiva también preocupa. El Cuerpo Oficial de Bomberos tiene 90 cargos operativos vacantes de un total de 726, según el Plan Anual de Vacantes de 2026. Eso significa que si un terremoto golpea la ciudad, la capacidad de respuesta inmediata estaría limitada.

Las propuestas para mejorar la situación están tomando forma. Quintero planteó crear un sistema de sellos visibles en los edificios, similar al que ya existe para los ascensores, que permita a los ciudadanos saber si la estructura donde viven o trabajan cumple con estándares técnicos de seguridad. Hoy no existe una herramienta así. Un bogotano puede vivir años en un apartamento sin saber si está preparado para resistir un terremoto.

También se propone modernizar el alumbrado público con sensores de internet de las cosas, dispositivos que miden movimiento, luz y temperatura para enviar alertas tempranas ante emergencias. Otra iniciativa es intervenir predios críticos mediante reforzamientos estructurales, comenzando por infraestructura estratégica como hospitales. El Concejo de Bogotá anunció la creación de una subcomisión para hacer seguimiento a la gestión del riesgo y evaluar los protocolos de atención ante posibles emergencias.

Lo que está en juego es la vida de millones de bogotanos que viven en edificaciones que podrían colapsar. Las medidas propuestas son pasos hacia la prevención, pero requieren tiempo, recursos y voluntad política para implementarse. Mientras tanto, la ciudad sigue siendo vulnerable, y nadie sabe cuándo llegará el próximo terremoto.

La mampostería simple y semiconfinada son sistemas rígidos que, ante un episodio sísmico, podrían romperse como una galleta
— Concejal Juan David Quintero
Hoy no contamos con una herramienta que le permita a un ciudadano saber si la edificación en la que vive está preparada para resistir un terremoto
— Concejal Juan David Quintero
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