En las profundidades del océano primigenio, hace cuatro mil millones de años, la vida no encendió una sola llama, sino dos. Un equipo internacional publicó en Science Advances evidencia de que bacterias y arqueas emergieron de forma independiente a partir de un ancestro común incompleto —LUCA— que dependía de metales volcánicos submarinos para sostener su metabolismo. El hallazgo no borra el origen compartido del código genético, pero sí obliga a repensar uno de los axiomas más profundos de la biología: que toda la vida libre nació de un único acto de emancipación celular.