El 12 de agosto, la Luna trazará una sombra fugaz sobre la Tierra, recordándonos que los grandes espectáculos del cosmos se rigen por una geometría implacable y efímera. Durante menos de dos minutos, quienes se encuentren en el corredor que cruza Groenlandia, Islandia, el norte de Rusia, España y Portugal verán el día convertirse en noche. Es uno de esos momentos en que la humanidad, dispersa en sus rutinas, levanta la vista al unísono hacia algo que la trasciende.