En millones de hogares, el sofá se ha convertido en el lugar donde el cuerpo cede antes de llegar a la cama, y los psicólogos advierten que ese gesto cotidiano revela algo más profundo que el simple cansancio: habla de mentes que no logran soltar el peso del día, de personas que buscan refugio emocional sin saber que lo están buscando. Lo que parece una costumbre menor es, en realidad, una señal del estado interior de quien la vive.