El mercurio viajaba en el aire, se depositaba en la nieve, y quedaba atrapado en el hielo
En las capas heladas de Groenlandia, el tiempo ha guardado un secreto incómodo: los seres humanos comenzaron a envenenar el aire con mercurio hace cuatro milenios, mucho antes de que la industria moderna existiera. Un equipo internacional de científicos, analizando un núcleo de hielo de más de 1.200 metros, ha rastreado esa huella tóxica hasta la Edad de Bronce, cuando mineros y artesanos liberaban mercurio al fundir minerales y usar cinabrio como pigmento. El hallazgo no es solo una corrección al calendario de la contaminación humana; es un espejo que nos muestra cuán antigua y profunda es nuestra capacidad de alterar el mundo que habitamos.
- La contaminación por mercurio de origen humano comenzó hace 4.000 años, cuatro veces antes de lo que la ciencia asumía, según un análisis de hielo ártico de 11.700 años de antigüedad.
- La acumulación de mercurio se multiplicó por 2,7 desde el siglo XIII y por 7,4 a partir de 1840, revelando que la Revolución Industrial no creó el problema, sino que lo disparó a escala planetaria.
- Los científicos lograron separar las huellas humanas de las volcánicas en el hielo, distinguiendo, por ejemplo, las erupciones del Laki y el Novarupta de las emisiones generadas por actividad humana.
- El descubrimiento obliga a recalcular la cantidad total de mercurio antropogénico presente hoy en el planeta y fortalece la capacidad de evaluar el Convenio de Minamata de 2017, cuya eficacia seguía limitada por vacíos históricos.
En el hielo más antiguo de Groenlandia, conservado durante miles de años, un equipo internacional de investigadores —con participación del CSIC español— encontró algo que nadie esperaba con tanta antigüedad: la firma química de la actividad humana. Extrayendo un núcleo de hielo de más de 1.200 metros y cortándolo en secciones de aproximadamente cinco años cada una, los científicos rastrearon la presencia de mercurio a lo largo de los últimos 11.700 años. La conclusión fue inequívoca: la contaminación por mercurio de origen humano comenzó hace unos 4.000 años, durante la Edad de Bronce.
Los primeros responsables fueron probablemente los artesanos y mineros de la antigüedad, quienes al refinar cobre y estaño, o al usar cinabrio como pigmento rojo y remedio medicinal, liberaban mercurio al aire sin saberlo. Ese mercurio viajaba por la atmósfera hasta depositarse en la nieve de Groenlandia, donde quedó atrapado como testimonio silencioso durante milenios.
La contaminación no fue uniforme: se aceleró con el tiempo. Desde el siglo XIII se multiplicó por 2,7; desde 1840, con el auge industrial, lo hizo por 7,4. La industrialización transformó un problema localizado en uno global. Los investigadores también demostraron que su método permite distinguir entre emisiones humanas y volcánicas, identificando por separado huellas de erupciones como la del Laki en 1783 o el Novarupta en 1912.
Según Alfonso Saiz López, del Instituto de Química Física del CSIC, el hallazgo no es solo académico: permite evaluar con mayor precisión el cumplimiento del Convenio de Minamata de 2017, el tratado internacional que busca reducir el uso del mercurio para proteger la salud humana y los ecosistemas. Al revelar que nuestra huella tóxica es mucho más antigua de lo creído, el estudio obliga a recalcular cuánto mercurio antropogénico existe hoy en el planeta —una recalibración que cambia la escala de lo que hemos hecho, y durante cuánto tiempo lo hemos estado haciendo.
En las capas más profundas del hielo de Groenlandia, conservadas durante milenios, está escrita la historia de cuándo los seres humanos comenzaron a envenenar el planeta. Un equipo internacional de investigadores, con participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, ha extraído esa historia de un núcleo de hielo de más de 1.200 metros de largo. Lo que encontraron los obliga a reescribir cuándo empezó todo: la contaminación por mercurio de origen humano no es un problema moderno. Comenzó hace unos 4.000 años, durante la Edad de Bronce.
Para llegar a esta conclusión, los científicos trabajaron con un registro climático extraordinario. El núcleo de hielo, extraído en el marco del Proyecto de Núcleos de Hielo del Este de Groenlandia, abarca los últimos 11.700 años de historia de la Tierra. Los investigadores cortaron cuidadosamente este cilindro congelado en secciones pequeñas, cada una representando aproximadamente cinco años. Luego limpiaron las muestras para evitar contaminación cruzada y las derritieron en laboratorio para analizar su composición química. En esas capas de hielo antiguo encontraron la firma del mercurio: evidencia de que las actividades humanas del pasado remoto dejaron una marca detectable en el registro ambiental.
Los primeros responsables probablemente fueron los mineros y artesanos de la antigüedad. Los expertos creen que las emisiones iniciales provinieron del refinado de minerales de cobre y estaño, así como del uso del cinabrio, un mineral rico en mercurio que era muy valorado en el mundo antiguo como pigmento rojo y para fines medicinales. Estos trabajos, realizados sin protección ni comprensión de los peligros, liberaban mercurio a la atmósfera. Ese mercurio viajaba en el aire, se depositaba en la nieve de Groenlandia, y quedaba atrapado en el hielo, esperando miles de años para contar su historia.
Pero la contaminación no fue constante a lo largo de los milenios. Los datos revelan una aceleración progresiva. Desde el siglo XIII, la acumulación de mercurio en Groenlandia se multiplicó por 2,7. Luego, a partir de 1840, coincidiendo con el auge de la Revolución Industrial, la multiplicación fue aún más dramática: 7,4 veces. La industrialización no inventó la contaminación por mercurio, pero la amplificó exponencialmente. Los hornos, las fábricas, los procesos químicos a escala masiva transformaron lo que había sido un problema localizado en un problema planetario.
Los investigadores también demostraron que su metodología puede distinguir entre las emisiones humanas y los aumentos naturales de mercurio causados por erupciones volcánicas. Cuando el volcán Laki en Islandia entró en erupción en 1783, dejó su propia firma en el hielo. Lo mismo ocurrió con el Novarupta en Alaska en 1912. Poder diferenciar estas señales naturales de las humanas es crucial para entender la verdadera magnitud de nuestro impacto.
Alfonso Saiz López, investigador del Instituto de Química Física del CSIC y coautor del estudio, subraya la importancia de este hallazgo. Determinar con precisión cuándo comenzaron las emisiones antropogénicas no es solo un ejercicio académico. Resuelve un debate que ha estado abierto en la comunidad científica durante años. Más importante aún, permite evaluar con mayor exactitud el cumplimiento de los acuerdos internacionales destinados a reducir el uso de este metal tóxico. El Convenio de Minamata sobre el mercurio, que entró en vigor en 2017, tiene como objetivo proteger la salud humana y los ecosistemas. Pero según Ari Feinberg, la capacidad para evaluar la eficacia de este tratado y prever la recuperación de los ecosistemas sigue limitada por las incertidumbres sobre las emisiones históricas.
Este estudio cambia eso. Al demostrar que la contaminación por mercurio humana se remonta mucho más atrás de lo que se creía, obliga a revisar los cálculos sobre cuánto mercurio de origen antropogénico existe actualmente en el planeta. No es solo una corrección histórica. Es una recalibración de cuán profundamente hemos alterado el ambiente, y durante cuánto tiempo.
Notable Quotes
Este estudio podría ayudar a determinar con mayor precisión cuándo comenzaron las emisiones antropogénicas, resolviendo un debate abierto en la comunidad científica y permitiendo evaluar con mayor exactitud el cumplimiento de los acuerdos internacionales— Alfonso Saiz López, investigador del IQF-CSIC
La capacidad para evaluar la eficacia del tratado y prever la recuperación de los ecosistemas sigue limitada por las incertidumbres relacionadas con las emisiones históricas de origen humano— Ari Feinberg
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué es importante saber que los humanos contaminaban con mercurio hace 4.000 años? ¿No es solo un dato histórico?
Porque cambia cómo entendemos nuestro impacto ambiental. Si creíamos que la contaminación por mercurio era un problema de los últimos 200 años, podemos calcular mal cuánto mercurio tóxico está realmente en el planeta ahora.
¿Y eso afecta los tratados internacionales?
Directamente. El Convenio de Minamata intenta reducir el mercurio, pero si no sabes cuándo empezó realmente la contaminación humana, no puedes medir si los acuerdos funcionan o cuándo los ecosistemas se recuperarán.
¿Cómo encontraron mercurio en hielo que tiene miles de años?
El mercurio viaja en el aire y se deposita en la nieve. Cuando esa nieve se comprime en hielo, queda atrapada. El núcleo de Groenlandia es como un archivo congelado de la atmósfera.
¿Podían distinguir entre el mercurio natural y el humano?
Sí. Las erupciones volcánicas dejan su propia firma en el hielo. Los científicos aprendieron a leerlas por separado, así que saben exactamente cuándo empezó el mercurio humano.
¿Qué hacían los antiguos que producía mercurio?
Refinaban cobre y estaño, y usaban cinabrio, un mineral rojo muy valioso como pigmento y medicina. Nadie sabía que era tóxico. Solo sabían que funcionaba.