Estudio alerta: aditivos plásticos migran al pescado en nevera y congelador

La exposición a bisfenol A y otros aditivos plásticos representa riesgo potencial de efectos carcinogénicos y endocrinos en adultos, niños y bebés a través del consumo de pescado contaminado.
En casi la mitad de los escenarios domésticos se superó el umbral seguro
Los investigadores modelaron la exposición real a bisfenol A en adultos, niños y bebés consumiendo pescado almacenado convencionalmente.

En los hogares españoles, la nevera y el congelador —símbolos cotidianos de cuidado y preservación— han resultado ser también vías silenciosas de contaminación química. Un estudio del IDAEA-CSIC documenta por primera vez cómo los envases plásticos ordinarios transfieren aditivos nocivos, incluido el bisfenol A, directamente al pescado almacenado en condiciones domésticas normales. El hallazgo obliga a replantear no solo los materiales que rodean nuestra comida, sino la distancia que existe entre las normas de seguridad vigentes y la realidad de cada cocina.

  • Las tasas de migración de bisfenoles al pescado pueden alcanzar el 100%, incluso a temperaturas de refrigeración y congelación que se consideraban seguras.
  • En casi la mitad de los escenarios domésticos analizados se superaron los umbrales de ingesta segura, y eso sin contar otras fuentes de exposición al bisfenol A en la vida diaria.
  • El escenario más peligroso identificado es la merluza congelada durante 30 días en bandejas compostables, lo que revela que incluso los materiales presentados como ecológicos pueden representar un riesgo.
  • La UE aprobó restricciones contra bisfenoles en enero de 2025, pero un período de transición de 36 meses deja a los consumidores expuestos durante años más.
  • Los científicos exigen que las pruebas de seguridad de materiales en contacto con alimentos se realicen bajo condiciones reales de uso doméstico, no solo en entornos de laboratorio con calor extremo.

La nevera de cualquier hogar español podría estar transfiriendo químicos nocivos al pescado guardado en ella. Un equipo del IDAEA-CSIC, en colaboración con la Universidad de Florencia, ha documentado por primera vez cómo los aditivos plásticos de envases comerciales comunes migran hacia el pescado fresco durante el almacenamiento doméstico en frío. Los resultados, publicados en Environment International, cuestionan la idea de que refrigerar o congelar son métodos de conservación inocuos.

Los investigadores analizaron cuatro familias de sustancias —ftalatos, bisfenoles, ésteres organofosforados y plastificantes alternativos— en salmón, atún y merluza almacenados a 4°C durante 48 horas y a -18°C durante 30 días. Emplearon materiales de uso cotidiano: bandejas de poliestireno, films plásticos, bolsas de congelación y bandejas compostables. Las tasas de migración llegaron al 100% en compuestos como los bisfenoles, variando según el tipo de pescado.

El principal foco de alarma es el bisfenol A, disruptor endocrino con potencial carcinogénico. En 2023, la EFSA redujo su umbral de exposición diaria segura en 20.000 veces. Al cruzar los datos químicos con los registros oficiales de consumo de pescado en España, los investigadores encontraron que en casi la mitad de los escenarios domésticos analizados se superó ese umbral. La coautora Ethel Eljarrat advirtió que esa cifra refleja solo la exposición a través del pescado; sumadas otras fuentes, el panorama es aún más preocupante.

El escenario de mayor riesgo fue la merluza congelada 30 días en bandejas compostables; el de menor riesgo, la refrigeración breve en bolsas plásticas convencionales. Aunque la UE aprobó restricciones contra bisfenoles en envases alimentarios con entrada en vigor en enero de 2025, el período de transición de 36 meses prolonga la exposición. Los científicos urgen a acortar ese plazo y a exigir que los materiales en contacto con alimentos sean evaluados bajo condiciones reales de uso doméstico, no solo en laboratorio.

La nevera de su cocina podría estar transfiriendo químicos nocivos directamente a los alimentos que guarda en ella. Un estudio liderado por el Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA-CSIC) en España, en colaboración con la Universidad de Florencia, ha documentado por primera vez cómo los aditivos plásticos de los envases comerciales ordinarios migran hacia el pescado fresco durante el almacenamiento doméstico en condiciones de frío normal. Los hallazgos, publicados en la revista Environment International, desafían la creencia de que la refrigeración y congelación son métodos seguros de conservación.

Hasta ahora, la investigación científica sobre migración de químicos desde envases se enfocaba en el calor como factor acelerador. Este equipo tomó un camino distinto: analizó qué ocurre bajo las condiciones reales de un hogar. Probaron cuatro familias de sustancias químicas —ftalatos, bisfenoles, ésteres organofosforados y plastificantes alternativos— en pescado almacenado a 4 grados centígrados durante 48 horas en la nevera y a menos 18 grados durante 30 días en el congelador. Utilizaron materiales de uso cotidiano: bandejas de poliestireno, films plásticos, bolsas de congelación y bandejas compostables. El pescado elegido fue salmón, atún y merluza.

Los resultados fueron contundentes. Las tasas de migración alcanzaron hasta el 100 por ciento en compuestos como los bisfenoles, variando según las propiedades específicas de cada tipo de pescado. El principal culpable es el bisfenol A, un disruptor endocrino conocido con potencial carcinogénico. En 2023, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria redujo drásticamente el umbral de exposición diaria segura de esta sustancia en 20.000 veces, reconociendo riesgos que antes no se habían cuantificado con precisión.

Para entender el impacto real en la población, los investigadores combinaron los datos químicos con registros oficiales de consumo de pescado en España, modelando la exposición en adultos, niños y bebés. Los números son preocupantes: en casi la mitad de los escenarios domésticos analizados se superó el umbral de riesgo de ingesta segura establecido por autoridades internacionales. Ethel Eljarrat, coautora del estudio y directora del IDAEA-CSIC, advirtió que estos números reflejan solo la exposición por consumo de pescado. Cuando se suman otras fuentes de contaminación —otros alimentos, inhalación, contacto con la piel— los niveles resultan aún más alarmantes.

El escenario de mayor riesgo identificado fue la merluza congelada durante 30 días en bandejas compostables. En el extremo opuesto, la refrigeración breve en bolsas plásticas convencionales mostró los índices más bajos de migración. Estos hallazgos sugieren que tanto el tipo de material como el tiempo de almacenamiento son factores críticos que multiplican la transferencia de contaminantes.

La Unión Europea ya ha respondido con restricciones progresivas contra el uso de bisfenoles en empaques alimentarios que entraron en vigor en enero de 2025. Sin embargo, la normativa contempla un período de transición de 36 meses antes de su aplicación definitiva. Los científicos insisten en que esta ventana debe acortarse. Urgen a la industria y a los reguladores a evaluar la seguridad de los materiales en contacto con alimentos bajo condiciones de uso real, no solo en laboratorios con temperaturas extremas. La transición hacia compuestos alternativos totalmente seguros y legalmente testados no puede esperar.

Considerando únicamente la exposición por ingesta de pescado se supera el valor recomendado para el bisfenol A, pero los niveles son aún mayores si sumamos el resto de alimentos, la inhalación y el contacto dérmico
— Ethel Eljarrat, coautora del estudio y directora del IDAEA-CSIC
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué este estudio cambia lo que creíamos saber sobre guardar pescado en casa?

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Porque hasta ahora la ciencia probaba la migración de químicos forzando el calor. Nadie había mirado realmente qué pasa en una nevera normal, a 4 grados, durante los días que el pescado está ahí.

Inventor

¿Y qué encontraron que no esperaban?

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Que los bisfenoles migran casi completamente hacia el pescado en condiciones frías normales. No necesitan calor. El tiempo y el tipo de envase son suficientes.

Inventor

¿Quién está en mayor riesgo?

Model

Los niños y bebés, porque consumen menos alimento total pero reciben la misma dosis de químicos. Además, sus sistemas endocrinos están en desarrollo. El bisfenol A interfiere con eso.

Inventor

¿Qué debería hacer alguien que come pescado regularmente?

Model

Por ahora, reducir el tiempo de almacenamiento. Evitar las bandejas compostables para congelación larga. Pero la verdadera solución está en que la industria cambie los materiales. Las restricciones europeas son un paso, pero hay 36 meses de transición donde el riesgo sigue.

Inventor

¿Por qué tardó tanto en descubrirse esto?

Model

Porque los reguladores nunca pidieron que se probara bajo condiciones reales de hogar. Los estándares de seguridad se basaban en escenarios de laboratorio con temperaturas extremas. La vida real es diferente.

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