En un momento de presión económica sostenida y bloqueo externo, Cuba ha promulgado el Decreto 160, que amplía el espacio de acción para empresas privadas, cooperativas y trabajadores autónomos al eliminar 46 restricciones y modificar 35 más sobre actividades antes vedadas. El movimiento no es una ruptura con el modelo socialista, sino un ajuste pragmático: el Estado mantiene el timón mientras abre cauces para que otras fuerzas productivas contribuyan al crecimiento. Es la vieja tensión entre control y vitalidad económica, resuelta esta vez con más apertura que en décadas anteriores.