Cada verano, millones de personas depositan su confianza en el sol y el mar como remedios naturales contra el acné, una fe popular que la dermocosmética desmiente con paciencia. Lo que parece una mejoría vacacional es, en realidad, el preludio de brotes más intensos al regresar el otoño, cuando la piel cobra lo que el verano le tomó prestado. La sabiduría colectiva, amplificada por las redes sociales, puede ser más dañina que el problema que pretende curar.