Científicos europeos respaldan Ozempic y Mounjaro como fármacos de primera línea contra la obesidad

El algoritmo ayuda al médico, pero no sustituye la necesidad de cambios no farmacológicos
Expertos advierten que los medicamentos son solo parte de un tratamiento integral contra la obesidad.
Mark

¿Por qué este nuevo algoritmo europeo representa un cambio de paradigma en el tratamiento de la obesidad?

Mimi

Porque deja de enfocarse únicamente en cuánto peso pierde el paciente y comienza a priorizar qué complicaciones tiene. Es decir, el tratamiento se personaliza según el tipo de obesidad y sus consecuencias específicas.

Luke

Pero hay que ser claro: casi todos los autores tienen conflictos de intereses con las farmacéuticas. ¿Cuánto peso tiene eso en la interpretación de los resultados?

Mark

Buena pregunta. ¿Entonces estos medicamentos son la solución definitiva?

Mimi

No. Los expertos independientes subrayan que el algoritmo es solo una herramienta de apoyo. La pérdida de peso requiere también cambios no farmacológicos: dieta, ejercicio, apoyo emocional.

Luke

Y eso es importante aclararlo, porque el titular podría hacer creer que Ozempic y Mounjaro son la cura, cuando en realidad son una parte de un tratamiento más amplio.

Mark

¿Qué diferencia hay entre usar estos medicamentos y los otros disponibles?

Mimi

Los datos muestran que semaglutida y tirzepatida logran pérdidas de peso superiores al 10%, mientras que otros fármacos como orlistat o liraglutida tienen efectos menores. Pero eso no significa que sean inútiles; depende del objetivo de pérdida de peso del paciente.

Luke

Y hay que recordar que la evidencia se recopiló hasta enero de 2025. Nuevos estudios podrían cambiar estas recomendaciones.

  • Dos fármacos —Ozempic y Mounjaro— han sido oficialmente colocados en la cima del tratamiento farmacológico europeo contra la obesidad, desplazando a medicamentos que durante años fueron la norma.
  • Los ensayos clínicos muestran pérdidas de peso superiores al 10%, una cifra que deja atrás a rivales como el orlistat o la liraglutida y que redefine lo que se considera eficacia aceptable.
  • El nuevo algoritmo europeo introduce un criterio inédito: las complicaciones específicas del paciente —mecánicas, metabólicas o inmunológicas— determinan qué fármaco debe prescribirse primero.
  • Expertos independientes advierten que casi todos los autores del estudio declararon vínculos económicos con las farmacéuticas analizadas, lo que obliga a leer el consenso con cautela crítica.
  • Investigadores españoles y europeos coinciden en que el algoritmo es una herramienta de apoyo, no un sustituto: sin intervención no farmacológica, los objetivos terapéuticos difícilmente se sostendrán.

En un momento en que la medicina busca respuestas más precisas a una de las enfermedades crónicas más extendidas del mundo, la Asociación Europea para el Estudio de la Obesidad ha elevado a semaglutida y tirzepatida al rango de tratamientos de primera línea, reconociendo en ellos una eficacia que supera con claridad a las opciones previas. Este posicionamiento, publicado en Nature y respaldado por ensayos clínicos que muestran pérdidas de peso superiores al 10%, no pretende reemplazar el juicio clínico ni la dimensión humana del tratamiento, sino orientar a los especialistas en un campo donde la complejidad biológica y emocional exige más que un algoritmo.

La Asociación Europea para el Estudio de la Obesidad ha publicado en la revista Nature unas directrices que sitúan a la semaglutida (Ozempic, Wegovy) y la tirzepatida (Mounjaro) como fármacos de primera línea en el tratamiento de la obesidad. El respaldo se apoya en un análisis exhaustivo de ensayos clínicos que demuestra su superioridad frente a otras opciones disponibles en Europa y Estados Unidos.

Los datos son contundentes: mientras medicamentos como el orlistat, la liraglutida o la combinación naltrexona-bupropión producen reducciones modestas, semaglutida y tirzepatida logran pérdidas superiores al 10% del peso corporal. La diferencia de mecanismo también es relevante: la semaglutida actúa sobre los receptores GLP-1, mientras que la tirzepatida estimula de forma dual los receptores GLP-1 y GIP, lo que amplía su espectro de acción.

El elemento más novedoso de las directrices es el algoritmo de tratamiento desarrollado por los autores, que por primera vez organiza las decisiones terapéuticas en función de las complicaciones presentes en cada paciente —mecánicas, metabólicas o inmunológicas— y no solo del grado de obesidad. Barbara McGowan, del hospital Guy's & St Thomas's de Londres y primera autora del estudio, lo describe como el primer marco guiado explícitamente por la presencia o ausencia de complicaciones. En su elaboración participaron instituciones españolas como el CIBIS de la Universidad de Almería, el Instituto de Salud Carlos III y el Hospital Vall d'Hebron.

Sin embargo, el consenso no está exento de matices. Casi todos los autores declararon conflictos de interés con las farmacéuticas implicadas. Expertos independientes como Cristóbal Morales, del Hospital Vithas de Sevilla, valoran el enfoque centrado en complicaciones, pero Josefa García Barrado, de la Universidad de Salamanca, recuerda que el algoritmo solo orienta algunas decisiones y que la dimensión no farmacológica —cambios de hábito, apoyo emocional, contexto vital— sigue siendo imprescindible para alcanzar y mantener los objetivos terapéuticos.

La Asociación Europea para el Estudio de la Obesidad ha publicado nuevas directrices en la revista Nature que posicionan dos medicamentos —la semaglutida, comercializada como Ozempic o Wegovy, y la tirzepatida, conocida como Mounjaro— como tratamientos de primera línea contra la obesidad. El respaldo se basa en un análisis exhaustivo de ensayos clínicos que demuestra la superioridad de estos fármacos frente a otras opciones farmacológicas disponibles en el mercado europeo y estadounidense.

Según el análisis de los investigadores, todos los medicamentos aprobados para la obesidad reducen el peso corporal en comparación con el placebo, pero la magnitud del efecto varía considerablemente. Tanto la tirzepatida como la semaglutida lograron pérdidas de peso superiores al 10% en los ensayos disponibles, un resultado significativamente mayor que el alcanzado por otros fármacos aprobados: el orlistat, comercializado en España como Xenical; la combinación de naltrexona y bupropión, vendida bajo la marca Mysimba; la liraglutida, conocida como Victoza; y la combinación de fentermina y topiramato, distribuida como Adipex o Lomaria. Estos medicamentos han recibido la aprobación tanto de la Agencia Europea de Medicamentos como de la Administración de Alimentos y Medicamentos estadounidense.

La evidencia científica que respalda estos dos fármacos se ha acumulado con rapidez, a pesar de que su aprobación específica para la obesidad es relativamente reciente. La semaglutida actúa como agonista del receptor del péptido similar al GLP-1, mientras que la tirzepatida funciona como agonista dual, estimulando tanto los receptores de GLP-1 como los del polipéptido inhibidor gástrico GIP. Los investigadores evaluaron cada medicamento considerando tres dimensiones: su capacidad para promover la pérdida de peso, su impacto en las complicaciones asociadas a la obesidad y su perfil de seguridad.

A partir de las opiniones compartidas de expertos y la experiencia clínica acumulada, los autores desarrollaron un algoritmo de tratamiento destinado a orientar a los especialistas en la selección del fármaco más apropiado según el grado de adelgazamiento requerido, las complicaciones presentes y consideraciones de seguridad. Barbara McGowan, investigadora del departamento de Endocrinología y Diabetes del hospital Guy's & St Thomas's de Londres y primera autora del estudio, señala que este constituye el primer marco de referencia guiado explícitamente por la presencia o ausencia de complicaciones relacionadas con la obesidad. En el trabajo han participado instituciones españolas como el Centro de Investigación CIBIS de la Universidad de Almería, el Instituto de Salud Carlos III y el Hospital Universitario Vall d'Hebron.

Aunque casi todos los autores del artículo declararon conflictos de intereses —haber recibido honorarios de las farmacéuticas analizadas o formar parte de consejos asesores—, expertos independientes consultados por Science Media Center han caracterizado este posicionamiento como un cambio de paradigma. Cristóbal Morales, investigador en Endocrinología y Nutrición del Hospital Vithas de Sevilla, destaca que el enfoque europeo se centra en las complicaciones de la obesidad como criterio para elegir el tratamiento. Josefa García Barrado, investigadora del grupo Neuroendocrinología y Obesidad de la Universidad de Salamanca, subraya que el algoritmo ayuda a los profesionales médicos a establecer terapias farmacológicas en un contexto donde el tratamiento es complejo, involucrando factores fisiopatológicos y emocionales. Sin embargo, advierte que existe una dimensión no farmacológica esencial para cumplir los objetivos de pérdida de peso, y que los algoritmos solo respaldan algunas decisiones terapéuticas sin sustituirlas.

Con evidencia científica recopilada hasta enero de 2025, la asociación europea concluyó que tanto Ozempic como Mounjaro deben ser la primera opción cuando se requiere una pérdida sustancial de peso corporal total. Para objetivos de pérdida de peso menor, se pueden considerar otros medicamentos como la liraglutida, la naltrexona-bupropión y la fentermina-topiramato. Ambos fármacos se posicionan como recomendaciones de primera línea tanto para la enfermedad de la masa grasa, más propensa a complicaciones mecánicas, como para la enfermedad de la grasa enferma, más propensa a complicaciones inmunológicas y metabólicas.

Este es el primer marco de referencia guiado por la presencia o ausencia de complicaciones relacionadas con la obesidad
— Barbara McGowan, investigadora del hospital Guy's & St Thomas's de Londres
El algoritmo ayuda al profesional médico a establecer un tratamiento farmacológico, pero existe una faceta no farmacológica necesaria para cumplir con los objetivos de pérdida de peso
— Josefa García Barrado, investigadora de la Universidad de Salamanca
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